El silencio de Avikar 54
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Edén

Una tibieza me recorría desde los pies y esperaba que no se me notara en el rostro.

Presenciar la faceta de CEO en Avikar era un obsequio y una enorme responsabilidad, pues yo tenía que estar a la altura de mi jefe.

Fue preciso y conciso durante la reunión.

Habíamos trabajado duro para demostrar que comercializar el agua Avikar en México solo acarrearía beneficios a la cadena de supermercados del señor Ortiz.

—Señor Avikar, se supone que su agua es de una calidad insuperable. Tanto, que la comparan con productos que cuestan entre veinte y treinta dólares canadienses por menos de un litro. El precio de su producto es de cinco dólares por litro. ¿Me podría explicar cómo es posible?

—Por nuestro envase —dijo Avikar al mostrárselo—.

Este llega desarmado a la embotelladora, es decir, en forma plana.

Es por eso por lo que, en un solo camión, yo puedo recibir treinta y cinco mil envases.

Eso nos permite transportar el equivalente a veintiséis camiones adicionales de agua en cartón, en comparación con la competencia que utiliza plástico o vidrio.

El señor Ortiz le dio la vuelta al cartón para revisar las etiquetas de cumplimiento ambiental.

¿No sientes nada extraño? ¿Tus manos están bien?

... Sí… ¿Algún salpullido? No quieras ser valiente.

Tuviste meses para investigar la embotelladora, conoces de qué está hecho todo a tu alrededor, y usas los guantes apropiados.

Con este hombre no es igual… Los guantes me protegen…

¿Y si no?... Me lavé las manos antes de entrar.

—Sí, pero el cartón proviene del papel y este de los árboles.

—El 76 % de nuestra materia prima procede de bosques certificados. Son gestionados de forma responsable y sostenible por una empresa de la provincia. Como podrá ver, nuestra huella ecológica es mínima.

El señor Ortiz colocó el envase sobre la mesa y exhaló.

—No me convence la idea del cartón. El producto no es visible.

A las personas les gusta ver que su agua es cristalina, aunque debo admitir que la etiqueta es muy atractiva.

A veces, cuando el jugo o la leche llevan varios días en este tipo de cartón, adquieren un regusto rancio.

¿Qué me garantiza el sabor limpio y fresco de su agua?

—El envase tiene una capa de aluminio que lo protege del oxígeno y la luz, lo que ayuda a preservar el sabor. A su vez, otra capa de polietileno lo protege de la humedad exterior. El agua Avikar es una garantía de frescura y textura suave.

—Entonces, ¿el envase tiene otros componentes? —preguntó con renovado interés.

—Es un envase especialmente diseñado para nosotros —contestó Avikar para zanjar el tema—. Buscábamos prevenir esas características que mencionó.

La desilusión se le reflejó en el rostro, pero para disimular, agarró la carpeta que había preparado para ver las gráficas.

—¿Cómo van las ventas entre las consumidoras de veinte a cuarenta años?

—Desde hace una semana se ha registrado un incremento del ocho por ciento.

El señor Ortiz levantó una de sus cejas. ¡Y sí! Lo que Avikar había logrado era impresionante.

—¿De verdad? Las demás compañías continúan a la baja en ese sector demográfico.

—Notamos esa mejoría desde que refrescamos nuestra imagen.

El señor Ortiz ladeó la cabeza unos instantes, a la vez que apretaba la boca en una mueca.

—Necesito aclarar mis ideas para poder tomar una decisión. ¿Les parece bien si termino de almorzar?

—Tome el tiempo que requiera, señor Ortiz.

Avikar se levantó y lo imité. En cuanto nuestras miradas se encontraron, le sonreí.

Él se mantuvo impasible, pues la reunión no había sido tan exitosa como esperaba.

En cuanto llegó junto a mí, extendió la mano para permitirme el paso, y en cuanto lo hice, apoyó la mano izquierda en la curva de mi espalda, por lo que un hormigueo fugaz me recorrió de la cabeza a los pies.

—Señorita Swan…

Me detuve de golpe, obligando a Avikar a hacer lo mismo.

—¿Me podría acompañar?

Miré a Antoine. Él entrecerró los ojos al escuchar la petición.

—¿Disculpe? —La pausa en mi voz había sido obvia y la irritación se apoderó de mí.

—Es la primera vez que visito su ciudad y me gustaría tener la mejor experiencia. Por favor, almuerce conmigo.

Giré hacia Avikar, ansiando que le asegurara al caballero que su petición estaba fuera de lugar. Pero se quedó callado.