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Edén
¿Vas a comer con todas estas personas? Ni siquiera sabes qué alimentos consumirán o de dónde provienen. No conoces quién los preparó. Es que… ¿Siquiera lo tienes contigo?… Sí… Revisa… Revisa… Revisa… No sucederá nada… ¡Puedes morir!
Por primera vez, todos los asistentes y la recepcionista estábamos reunidos en el salón de empleados.
Era un espacio cerrado y con calefacción durante el invierno, pero se abría al exterior en verano.
A través de las ventanas se podían apreciar las Montañas Rocosas cubiertas de nieve, al igual que todo a nuestro alrededor.
Cada cual había ordenado la comida de su lugar preferido.
Me había decidido por unos wraps de lechuga, rellenos de fideos de alga, los cuales estaban marinados en salsa de soja, además de zanahoria, remolacha y cebolla roja cortadas en juliana, y una salsa de cilantro, chile y nuez de la india.
El restaurante estaba dirigido por tres mamás que preparaban comidas orgánicas, desde veganas hasta carnívoras.
Si les informabas con anticipación, ellas elaboraban los ingredientes según tus especificaciones.
Algo que me ayudaba mucho los días en que se me dificultaba preparar mi propio almuerzo.
Se ve muy apetecible… ¿Estás segura de que no tiene nada? No lo preparaste tú, ¿y si se equivocaron? Tienes que separar cada ingrediente… No es necesario. Me lo puedo comer así, como las personas normales… ¿Acaso tú eres normal?
Agarré el primer rollo para desenvolverlo con el tenedor y comencé a sacar una a una las tiras de cebolla y colocarlas en la esquina derecha del plato. ¡Me sentía famélica!
Mientras tanto, la señorita Grenier hablaba con Olivia, la asistente de la señora Madison, una mujer de treinta y cinco años, con indumentaria y maquillaje intachables y una manicura perfecta. Las escuchaba reír y advertía que me miraban de reojo cada cierto tiempo.
Estaba ahí porque Hee–Jin me había invitado y todavía huía de Avikar.
debía hacerle entender que lo mejor era que mantuviéramos las distancias.
Sin embargo, las llamadas en las noches eran constantes y a veces no solo hablábamos de la oficina.
También solía llamarme cuando el juego de los Ice terminaba y discutíamos las jugadas y el marcador.
Todo era muy confuso. Al parecer, él no sabía mantenerse alejado o ignoraba mi petición.
¡No te detengas! Tienes que revisar hasta el último milímetro. Es que quizás cometieron un error. ¿Por qué no te preparaste el almuerzo? Sabes que no puedes depender de los demás. Tú eres la única responsable de tu persona. Sigue buscando.
Cuando terminé de sacar la cebolla, empecé a ubicar la remolacha en la esquina izquierda.
¿Qué es eso?… La zanahoria… No eso no es. ¿Qué es? No, mejor no te lo comas. No-no sabes qué es… Pero tengo hambre… Sé más minuciosa, procura separar bien los ingredientes para asegurarte de que no tiene nada anormal.
—Creo que Olivia te habla a ti, Edén —dijo Hee-Jin con una sonrisa burlona.
Levanté la mirada de mi plato y fruncí el ceño.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Olivia con la mirada fija en mí.
—¿A qué te refieres? Hee-Jin y yo solemos comer juntas.
—Pero el señor Antoine monopoliza todo tu tiempo. Ustedes se han percatado, ¿no? —insistió ella.
—Niña, que no es lo mismo trabajar para la señora Madison que para el CEO de la compañía —dijo Ryan, el asistente de la señora Amelia. Un hombre de veinticinco años—. ¡Vamos! Que tiene que tenerlo metido hasta en la cama.
Para ese instante tomaba de mi agua y comencé a toser ante el comentario. Ante mi reacción, todos comenzaron a reír y Ryan dijo:
—¡No me refiero a eso! Quise decir que la tiene que llamar incluso cuando está dormida por algún encargo.
Parpadeé varias veces al comprender que ellos sabían que él me llamaba. ¿Acaso también lo hacía con ellos?
—¿Lo hace? —exigió la señorita Grenier—. ¿Antoine te llama?
No apartó la mirada de mí mientras esperaba una respuesta. Sin embargo, responder a esa pregunta sería traicionar a Avikar y jamás podría hacerlo. Por eso volví la atención al plato y terminé de acomodar la zanahoria a un lado.
—A mí no me llama —dijo Olivia.
—Si me llamara, no dudaría ni un segundo en responderle —secundó Hee-Jin.
—¿Y cómo es su casa? —insistió la primera.
—Es la mansión más grande de Cranbrook —dijo la señorita Grenier como si la hubiera visitado cientos de veces—. Llena de oro, joyas y muebles finos.
¿Y si con los utensilios con los que prepararon tu comida cocinaron algo más?
¿Y si utilizaron algún producto adicional?
… Ella me envió un email con las fotografías de los empaques, no tengo por qué dudar…
No, no, no. Se tuvieron que equivocar en algo.
¿Qué es eso?… Es parte de los fideos… Pero ¿estás segura?
Uno a uno coloqué los fideos en la parte superior del plato.
—¿Cómo es la cama del jefe? —preguntó Hee-Jin.
En esa ocasión la señorita Grenier guardó silencio, por lo que Hee-Jin volteó hacia mí e insistió:
—Edén, ¿tú has ido? ¿Cómo es?
De reojo observé a Chloe, quien esperaba muy atenta mi respuesta. ¿Ella había ido a la casa, pero no había entrado a la habitación de Avikar? Fruncí el ceño, pues parte de mis funciones era que conociera hasta el más mínimo detalle de él. Y sí, había estado dentro de su habitación.
—¿Normal?
Ellas estaban a la expectativa, pero dejaron caer los hombros ante mi respuesta.
—En algún momento todas quisimos ser la tan anhelada asistente para conocer su hogar. ¡Con lo guapísimo que es! —dijo Olivia tras un suspiro.
—¿Su cama es king size? —Al parecer Hee-Jin no podía olvidar el mobiliario.
—¿Has encontrado ropa de mujer en sus cajones? —Olivia tampoco dejaría el tema.
¿No sería mejor que lo lavaras con el agua? Así estarías un poco más segura… Eso sí, sería una locura… ¿Por qué no te cocinaste tú? ¿Por qué estás rodeada de tantas personas?… Vas a morir… Morir… Morir.
—¿Por qué habría de encontrar ropa de mujer? —escuché decir a Rachel, la secretaria del señor Benjamín. Una mujer de cuarenta años que lucía muy femenina y sensual.
—Si la tiene es que vive con una mujer y si no, ¡está soltero! ¿Cómo quieres que nosotras lo sepamos si él es tan reservado? ¿Acaso alguno de ustedes lo ha visto sonreír alguna vez?
Comencé a creer que Olivia tenía alguna especie de obsesión con mi jefe.
—He escuchado a nuestros jefes decir que con Edén lo hace —comentó Ryan con aparente despreocupación, aunque percibí cierta malicia.
El silencio se adueñó del salón y miré de reojo a la señorita Grenier.
Había dejado de comer y no apartaba la mirada afilada de mí.
Me removí incómoda, pues estaba segura de que si me levantaba y me marchaba, las especulaciones sobre mi jefe y sobre mí aumentarían.
Y no pretendía intervenir en la relación de ellos dos.
—¿Qué secreto tienes para hacer al jefe reír? ¡Si con el trabajo eres una sargento! —Olivia me apuntaba con su tenedor.
Negué con la cabeza, me sentía juzgada.
—No sé de qué hablan. Tampoco lo he visto sonreír.
—Quizás es eso. Le gusta que lo sometan y sabe que Edén podría atiesarlo si es necesario —concluyó Hee-Jin.
—Entonces ya sé cómo conquistarlo —dijo Olivia con una gran sonrisa en sus labios.
—Me parece que alguien se les adelantó —dijo entre risitas Ryan.
Levanté la mirada cuando se quedaron callados ante el comentario de Ryan, quien no dejaba de reír, y mis compañeras parecían dispuestas a ir a la guerra.
—¡Eres imposible para comer! —exclamó Hee-Jin.
Entonces se estiró sobre la mesa y, con su tenedor, revolvió el contenido de mi plato. Exhalé. Ahora sí tenía la certeza de que estaba contaminado. Me puse en pie.
—¿Adónde vas? —preguntó Olivia con los ojos muy abiertos—. ¡Tienes que aclarar esto!
Tomé el plato y lo llevé hasta el fregadero. Tiré la comida por el triturador y lavé los utensilios mientras escuchaba:
—Entonces, ¿qué pasó con eso de salir juntos, bebé? —Olivia habló en un tono zalamero.
—¿Después de escuchar cómo te derrites por el jefe mayor? ¡Ni lo sueñes! —respondió Ryan.
—¿Y yo? —dijo Rachel.
—¿Te parece si vamos en un par de días a uno de los pubs cercanos al Key Center a las siete?
Escuché gruñidos y risas mientras salía.