El silencio de Avikar 41
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Edén

Todavía no podía responderle esa pregunta. Llevaba solo tres semanas trabajando a su lado y quería que al menos lograra el acuerdo con el señor Ortiz, antes de confesarle por qué yo no podía consumir su agua y él se viera en la obligación de despedirme, pensando solo en mi bienestar.

Me puse en pie para acercarme a la pantalla táctil y se colocó junto a mí. Dibujé un gran tachón en todas las etiquetas.

Eso está mucho mejor. Descartemos el rojo y concentrémonos en crear una etiqueta ni anticuada ni moderna. Solo hay que rescatar el significado de Avikar.

—No es buena idea el rojo —expliqué—. Tu propia renuencia se debe al color.

—La mayoría de las marcas lo está utilizando.

—Sé que es la moda, pero en pocos meses, máximo un año, lo desecharán.

—¿Por qué?

Giré para observarlo.

—Inconscientemente, ¿con qué asocias el color rojo si es líquido?

—Entiendo lo que dices. ¿Qué propones entonces?

Con reservas, dije:

—Solo limpiar la imagen.

—No sé nada de diseño, solo de números. Sé que la etiqueta ya es muy vieja, pero no sé cómo arreglarla.

Me mantuve en silencio con la mirada fija en la pantalla para mantener todo profesional. En esa semana él había intentado acercarse a mí y no se lo había permitido. Se llevó la mano izquierda a la sien y comenzó a masajeársela.

—Muéstrame, Edén. Sueles ser muy directa y ahora te contienes.

Parpadeé varias veces. La reacción tan intensa de la familia me tenía preocupada. Jamás pensé que la señora Amelia perdiera la compostura y entendía que había un trasfondo escabroso detrás de aquel enfrentamiento. Eso iba mucho más allá de una etiqueta.

—¿La señora Amelia está bien?

Él asintió.

—Madison está con ella. No tienes de qué preocuparte.

—Pero el señor James…

—Tiene una rencilla conmigo. Solo mostrémosle una imagen que no pueda refutar. Después de todo, él también quiere lo mejor para la embotelladora.

¿Será por la cita con la señorita Grenier? Era evidente que existía algún tipo de relación más allá de la laboral entre el señor James y ella. Aunque no entendía por qué, ella aceptaba salir con Avikar. Al parecer era una rencilla antigua entre los dos.

La señorita Grenier debía ser la asistente que el señor James le había robado a Avikar. Y, al parecer, la familia tenía un favorito sobre a quién debía escoger ella.

Eso a ti no te importa. Concéntrate en el trabajo.

Exhalé y agrandé la imagen. Él se mantuvo junto a mí en todo momento. Tal vez habían pasado horas. Sabía qué no me gustaba, pero todavía no sabía cómo mejorarla.

Comencé a jugar con los tamaños y formas. De reojo observaba a Avikar para saber cuál prefería.

Agua… Iceberg… Pura… Cristalina… Agua… Iceberg… Pura… Cristalina… Agua… Iceberg… Pura… Cristalina…

—Creo que el cartón debe ser de un blanco lustroso. l único color que usaría sería el azul; transmite confianza.

Él asintió.

—El glaciar siempre me ha parecido muy tosco —comentó con recelo—. ¿Sería mucho eliminarlo?

Agua… Iceberg… Pura… Cristalina… Agua… Iceberg… Pura… Cristalina… Agua… Iceberg… Pura… Cristalina…

Probé a eliminar el color interior del glaciar para dejar solo la silueta.

—Yo dejaría el contorno del glaciar, pero en un tamaño más pequeño y en color azul.

Aprobó mis recomendaciones, aunque lo único que se podía observar eran los tachones sobre la imagen. Seguíamos mirándola, como si solo con eso pudiéramos transformarla. Para ese instante sentía la vista cansada.

—Agua. Iceberg. Pura. Cristalina.

Él exhaló y dijo:

—Falta algo. No lo sé. Aún la siento recargada.

Agua… Iceberg… Pura… Cristalina… Agua… Iceberg… Pura… Cristalina… Agua… Iceberg… Pura… Cristalina…

—¿Y si eliminamos toda la información del frente? Solo aparecería Avikar en gran tamaño y, abajo, a la derecha, el lema: «Es perfección.»

—¿No crees que es soberbio?

Había duda en su voz y, después de varias semanas junto a él, lo comprendía. A pesar de ser el CEO, seguía sujeto al respeto y la obediencia hacia los mayores que le habían inculcado en su familia. La soberbia estaba mal vista y, con ese lema, podían acusarlo de creerse superior.

—Es el significado del nombre familiar, no les mentimos.

Me contempló y contuve el aliento al percatarme de que, por algún motivo, su aspecto me parecía desmejorado, como si estuviera enfermo. Me aseguraría de pedirle una sopa reconfortante para el almuerzo.

—Ahora entendemos por qué solo a Antoine lo llama Avikar —reconocí la voz del señor Owen.

Me volví de golpe y parpadeé varias veces. La familia había regresado en algún momento y estaban muy atentos a nuestra conversación.

Ahora todos piensan que sueño con mi jefe… ¿No es así?

Me sentí avergonzada por la acotación del señor Owen, pues tenía razón. Para mí, Antoine, tanto el CEO como la persona, era perfecto. Sin embargo, debía tener la precaución de no enamorarme, pues era evidente que no sería correspondida.

La advertencia del psiquiatra volvió a resonar en mi cabeza.

Según él, mi experiencia afectiva estaba limitada a un solo hombre y después de eso me había retirado del mundo.

Encontrar a Avikar y sentirme tan protegida a su lado podía dificultarme distinguir entre el consuelo que encontraba en él y un verdadero interés romántico.