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Edén
¿Acaso perdieron el juicio? ¿Rojo para la etiqueta de un agua? ¡¿Rojo?!… El agua que tú consumes utiliza rojo en su publicidad… ¡Y les he escrito decenas de veces explicándoles por qué es una terrible decisión!
Desde hacía una semana, la familia Avikar parecía vivir en el salón de juntas. Discutían el informe de la compañía QY Research sobre el mercado del agua embotellada.
No tardé demasiado en comprender que en ese tema en particular Avikar era el experto.
En ese terreno, el señor James ni siquiera podía hacerle competencia.
Mucho antes de que saliera el informe, Avikar se había posicionado en uno de los mercados con mayor consumo a nivel mundial: América del Norte.
El agua Avikar se distribuía en mercados clave de Estados Unidos y las negociaciones con la cadena de supermercados en México estaban muy adelantadas.
Su próximo objetivo sería entrar al mercado chino, que según el reporte era el mercado que más agua embotellada consumía por volumen.
En la primera reunión, Avikar había propuesto modernizar la etiqueta. Según recomendaciones de varios informes en Canadá y sus propias observaciones en los recorridos que hacía con el señor Benjamín por los diferentes puntos de venta en Cranbrook, ese era el camino por seguir.
La señora Amelia había presentado varias ideas, pero no se había llegado a un acuerdo. La familia estaba dividida y, aunque Avikar podía imponer su voluntad, el respeto que les tenía y la obediencia con la que se había criado lo frenaban.
—¿Tengo que recordarte que por primera vez la embotelladora aparece en la lista como una de las marcas líderes a nivel mundial?
—le dijo el señor Benjamín al señor James—.
En más de cincuenta años de historia eso nunca había sucedido y el único motivo para ello es la decisión de Antoine de cambiar el envase de nuestro producto cuando asumió como CEO dos años atrás.
—Por respeto a la memoria de nuestro padre, se acordó conservar la etiqueta, aunque es un concepto que ya no nos define como empresa. Tienes que admitir que hay que cambiarla puesto que es obsoleta —añadió la señora Amelia.
—Esa etiqueta es una tradición. ¡Las personas reconocen nuestro linaje a través de ella! —insistió el señor James.
Tanto el señor James como Avikar tenían razón. Debían encontrar un punto medio; de lo contrario, corrían el riesgo de perder su identidad. Ese era el freno mayor para Avikar, pues el recuerdo de su abuelo era muy importante.
¡Rojo! ¡Qué gran error!… No es tu decisión, olvídalo ya.
—Pero el informe es claro. Todas las compañías que deseen mantenerse en el mercado, al menos hasta el 2030, tienen que presentar una etiqueta novedosa para reforzar la marca.
No podemos quedarnos rezagados y ser iguales a los demás.
Cada una de las decisiones de Antoine ha sido correcta —dijo la señora Madison.
—Antoine te entregó en bandeja de plata su trabajo de años al convertirte en el director de ventas nacional —le recordó el señor Benjamín.
—Y su recompensa fue ser el CEO —replicó el señor James.
—Este informe demuestra que ese fue un convenio acertado —dijo la señora Madison.
Esa no es la forma de defender su punto. Solo tiene que señalar lo equivocado de esa tipografía tosca y los colores. ¡Los icebergs tienen tonos azulados casi verdosos! Con esa imagen lo único que parece es que alguien se pinchó un dedo y tocó todos los envases.
Un silencio afilado reinó en el salón durante unos minutos. Las miradas estaban fijas en el señor James, quien era el mayor oponente. Los demás miembros de la junta directiva discrepaban sobre cuál de las nuevas etiquetas utilizar.
En un tono sereno, Avikar intervino:
—Tío, el informe es contundente. Tú sabes que yo nunca querría olvidar el legado familiar.
Fruncí el ceño cuando unos se miraron a otros y se removieron incómodos en su lugar. Los hermanos Avikar: Owen, Jack y Logan se llevaron las manos hasta la cabeza y soltaron un resoplido al unísono. La señorita Zoey se levantó y se colocó al lado de Antoine.
Esto es algo entre ellos. Aquí sobras… No me atrevo a moverme. ¿Él estará bien? ¿Por qué sus palabras alteraron tanto a la familia? ¿Seré la única que se percató del leve temblor en sus manos?
—¡Ves lo que haces!
Me sobresalté al escuchar el grito de la señora Amelia, quien se puso en pie y salió del salón de juntas con lágrimas en los ojos. En segundos, la señora Madison siguió a su madre, no sin antes dedicarle una mirada recriminatoria a su tío.
—¿Por qué no tomamos un descanso? —propuso el señor Benjamín, aunque no me pasó desapercibida la tirantez en su tono de voz.
Me quedé estática mientras el resto de la familia salía en silencio. Los reproches hacia el señor James eran más que evidentes, si bien no entendía el porqué. Si algo estaba claro entre ellos era el respeto hacia el legado del señor Mahir Avikar, el patriarca.
¿Por qué no sales tú también?... No quiero dejarlo solo, algo me dice que no es lo correcto. Además, él tiene razón en querer cambiar la etiqueta. Y quiero demostrarle que lo apoyo. Solo tienen que compaginar el pasado con el presente.
Avikar se levantó para contemplar, en la pantalla electrónica táctil, cada una de las ideas que su tía había presentado, pero él tampoco estaba satisfecho.
Estaba segura de que en el instante en que él observara la imagen correcta no le importaría la opinión del señor James, pues las ventas le darían la razón.
Con la mano derecha en el bolsillo, giró hacia mí a la vez que se pasaba los dedos de la mano izquierda sobre la boca, sujetándose el labio inferior.
—Has estado muy callada. Dime qué piensas.
—Esta es una decisión familiar.
Sabía que el rojo tenía un significado importante en muchas tradiciones hindúes y que el informe especificaba que esa era la tendencia a seguir. Sin embargo, en las etiquetas que había presentado la señora Amelia era muy agresivo. En mi opinión, esa era la fórmula correcta de perder clientes.
—Las mujeres de entre veinticinco y cuarenta años con educación superior son el grupo demográfico con menor consumo de agua embotellada. Dime por qué, Edén.
—No lo sé.
Él negó con la cabeza y luego me observó con detenimiento.
—Sé que en tu hogar consumes agua filtrada, pero en el almuerzo compras el agua glacial de la competencia. Dime por qué ellos te tienen de cliente y yo no.