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Edén
Cerca de las cinco de la tarde, cuando terminaba la minuta de la reunión, observé cómo la señorita Chloe se acercaba a mi área. Ese día lucía un vestido blanco que se le ceñía al cuerpo. Lo que llamaba la atención eran los tacones azul eléctrico y el cinturón amarillo.
Se plantó frente a mí con una sonrisa de autosuficiencia.
— Yo que tú no me quedaría a solas con James. Es más, lo mejor que puedes hacer es desaparecer.
Me mantuve serena ante su provocación.
—¿En qué la puedo ayudar, señorita Grenier?
La pausa en mi hablar me enfurecía. Ella rio mientras hacía girar un pendrive entre los dedos de la mano derecha.
—Esta es toda la información del área de ventas nacional. Como ves, yo misma creé una base de datos para el departamento, así que la tuya sobra, pero tu jefe fue muy insistente.
Me dedicó una sonrisa digna del gato de Alicia en el país de las maravillas mientras dejaba caer el pendrive sobre mi escritorio.
— Tsk, tsk, tsk, señorita Swan. ¿Tan rápido lo perdiste?
Rio mientras daba media vuelta y se alejaba contoneando las caderas.
Estaba exhausta, y aquella interacción había consumido la poca energía que me quedaba. Recogí mis pertenencias y toqué a la puerta de la oficina de Avikar. En cuanto me dio permiso para pasar, abrí la puerta, aunque no entré.
—¿Necesitas algo?
—Edén…
—¿Es sobre la empresa?
Me quedé de pie a la espera de una respuesta que no llegó.