El silencio de Avikar 31
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Edén

Parpadeé varias veces al verme descubierta.

Si la familia lo sabía, me considerarían inadecuada para trabajar con él y podrían exigir mi despido.

Tendría que regresar a casa y, en ese instante, era feliz con mi independencia.

Era afortunada al trabajar para él. Tenía que reconocer que era yo quien lo necesitaba en mi vida.

En solo unas semanas me había acostumbrado a esos microsegundos de silencio cuando estaba a su lado.

Tendrás que volver… Volver… Volver… Volver… Volver… Volver…

—¿Cómo…? ¿Cómo…? —Apreté los puños para intentar controlar la compulsión de repetir la palabra—. ¿Cómo te percataste?

Porque eres obvia. ¿Acaso pensaste ser más inteligente que ellos? ¡Eres una estúpida si piensas así!

—Tranquila —dijo, aunque advertí la alarma en su tono—. La familia piensa que eres exigente, nada más.

—Pero… pero… pero… —Me enterré las uñas en las palmas—. Tú…

Ella se apresuró a decir:

—El mejor amigo de Antoine tenía TOC.

Se quedó en silencio unos segundos, como si lo siguiente que fuera a expresar le costara.

—Él fue el único que permaneció a su lado cuando mis tíos murieron.

—¿Y ustedes?

Ella negó con la cabeza. La culpa se adueñó de su mirada. No deseaba invadir la intimidad de mi jefe y cambié el tema al preguntar:

—¿Cómo lo supiste?

Ella fijó su mirada en la mía.

—Si piensas que Antoine me lo dijo, estás en un error, él jamás lo traicionó. Pero Peter y yo fuimos novios muchos años después y vivimos juntos.

Giré para quedar frente a ella, en ese momento ambas teníamos los ojos humedecidos.

—Hablas de él en pasado. —La voz me salió baja, aunque la pausa habitual volvió a interponerse.

Ella asintió mientras respondía con la voz entrecortada:

—Murió en Irak, hace tres años.

—Lo siento.

Hizo un ademán con la mano, como si quisiera restarle importancia, aunque una lágrima se le deslizó por el pómulo.

Están muy cerca. Es peligroso para ti. Puedes tener una reacción. Vas a morir… Por favor… Por favor… Por favor, haz silencio un segundo, esto es muy importante.

—Lo dejé mucho antes de eso, para mí era muy difícil seguir su ritmo… Pero Antoine…

Se le iluminaron los ojos y una sonrisa le ocupó el rostro.

—Él era el único que podía llegar y revolucionar su vida. Se aproximaba a él y lo tocaba en el hombro. Peter solo reía y continuaba como si nada… ¡Como si nada! Yo nunca logré eso.

La sonrisa se le apagó poco a poco.

—No sé por qué eran perfectos el uno para el otro. Peter siempre me decía que no tenía que entenderlo, que Antoine era el hermano que la vida le había regalado y si él necesitaba desordenarle la existencia, no se lo iba a impedir…

Para ese momento tenía la mirada perdida. Aun así, añadió:

—Fue el único que entendió a Antoine en realidad, el único que sabía cómo lidiar con él. Nosotros lo intentamos, aunque no es igual.

¿Qué sucede con él? Yo quisiera poder ayudarlo… Tú solo debes velar por ti…

—¿Lidiar con él?

Solo entonces la señorita Zoey enfocó su mirada en la mía y entrecerró los ojos, como si no entendiera. Casi un minuto después, pareció comprender mi pregunta e hizo un gesto de desestimación.

—Perder a sus padres fue un golpe muy fuerte para Antoine —respondió, aunque yo ya lo sabía.

Asentí y giré para salir antes de ceder al impulso de sacar una toallita y limpiarle el rostro, pero ella añadió:

—Eres buena para él.

—Solo soy su asistente.

—Sí, sí, por supuesto. — Repitió el gesto de desestimación con la mano—. Pero eso no impide que, cuando está cerca de ti, él sonríe.

Abrí los ojos de par en par.

—¡Él nunca lo hace!

Una sonrisa enigmática apareció en sus labios. Entonces, el teléfono comenzó a sonar y ella se apresuró a contestarlo. Salí de la oficina. No corregí mis pasos, en mi cabeza solo daba vueltas el hecho de que ella pensara que él sonreía conmigo.

Me apresuré para llegar al escritorio y sacar mi bolso. Mi maquillaje debía ser un desastre en ese momento.

—Edén, ¿llegaron los informes…? —Avikar se quedó a mitad de frase y entrecerró los ojos—. Pasa a mi oficina, por favor.

—¿Puedes darme unos minutos? Voy al baño y regreso, no me tardaré.

—Si es para arreglarte, hazlo frente a mí.