El silencio de Avikar 25
21%

25

Avikar

Llegué al parque Rotario cerca de una hora y quince minutos después. Estaba bien abrigado, pero el frío comenzaba a traspasar las capas de tela. Estábamos a nueve grados bajo cero, aunque la sensación térmica era de menos quince grados centígrados.

Le había prometido a mi madrina que sería un paseo corto e incluso le había dado instrucciones a Ethan para que me esperara. Por supuesto que Yaad me había acompañado en cada uno de los veinte kilómetros que habíamos recorrido.

Me gustaba observar los arces, aunque en ese momento no tenían ni una hoja, pero sobre todo iba por el cenotafio y el muro conmemorativo en memoria de los residentes locales que habían perdido la vida en los conflictos mundiales.

Visitaba el parque una vez a la semana y me aseguraba de leer cada uno de los nombres, pues para mí era muy importante conservarlos en mi memoria.

Cuando terminé, caminé por la vereda con la bicicleta en la mano, con la intención de acercarme a la avenida y encontrarme con Ethan, quien ya me había llamado.

Al pasar por el área de juegos para niños, en una banca de madera y metal, reconocí el anorak azul cielo, además del cabello rubio bermejo de Edén.

A falta de una mejor descripción, me recordaba a una zanahoria o naranja, ambas muy dulces, igual que ella.

No podía creer que solo habían pasado dos semanas, desde que se había presentado a la entrevista. Había ignorado la ansiedad con la que recorría las baldosas blancas y negras de la empresa y había continuado con la reunión.

Aunque desde el instante en que había salido de la oficina y ella había extendido la mano izquierda, el puesto ya era suyo.

Estaba acostumbrado a saludar con la derecha, así que su gesto fue una sorpresa grata.

Había ansiado retenerla y conocer mejor a la mujer del impecable currículo que había aprendido de memoria.

En papel ella era perfecta; en persona era sublime.

Sin entender cómo me lo permití o por qué, la había acorralado contra el archivero para besar sus labios y de una forma muy absurda lograr que se relajara.

Recordar el instante en que escondió el rostro entre mi cuello y clavícula y cómo sus manos enguantadas se habían aferrado a mi pecho, me mantenía en vela desde entonces.

El alborozo que aún me recorría me hacía estremecer.

Saber que ella me había mostrado aquello que la hacía tan…

perfecta, cuando ante los demás sostenía la mirada y se negaba a retroceder.

No podía ser de otra forma, era la única explicación para que mi familia hubiera reaccionado como lo hizo.

Por eso no le había permitido irse el día de la entrevista sin firmar el contrato de la empresa.

Tenía que asegurarme de que permaneciera junto a mí.

Ellos no sabían que ella ya tenía afianzado el puesto desde ese instante.

Obligarme a sacar lo que ellos creían era el contrato permanente, me había permitido sellar el acuerdo entre Edén y yo.

Ya nadie más podía intervenir. Solo el tiempo me diría cuál sería la reacción de Edén al conocer la verdad.