El silencio de Avikar 23
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Avikar

Llama a Edén… Hoy es domingo, no tengo una excusa de trabajo para hacerlo… Llámala, lo has hecho antes y a ella no le molesta… Va a pensar que es muy extraño… Solo como un recordatorio de que existes…

Con el pulso alterado tomé el teléfono en mis manos para desactivar la alarma que comenzó a sonar con la notificación para llamar a mi madrina a las tres de la tarde.

Eran las diez de la mañana en punto y estaba en el consultorio del doctor Fleming, mi psiquiatra desde hacía dos años.

Aunque no me sentía cómodo con él, era especialista en trastornos de ansiedad y debía admitir que había progresado poco a poco desde que comenzamos.

Nuestras sesiones solían ser los jueves y domingos, los únicos espacios en mi agenda.

Él colocó un envase de agua Avikar frente a mí mientras Yaad, mi perro esquimal canadiense, apoyaba su cabeza en mi abdomen. Su peso siempre era reconfortante.

—¿Cuántas veces has llamado a Chloe desde nuestra última sesión?

—Dos veces —respondí después de un trago largo de agua.

—¿Y ella a ti?

—En cuatro ocasiones.

Era la primera vez que era ella quien me llamaba más, y tenía muy presente el motivo de mi desapego.

— Tenemos que seguir trabajando ese patrón, Antoine. ¿Recuerdas por qué Chloe ya no es tu novia?

Me llevé la mano izquierda a la sien y comencé a masajearla.

—Le confesé mi trastorno y me dejó.

—¿Qué fue lo que te dijo, Antoine? —insistió.

— Desde que mis tíos arreglaron el matrimonio de mi prima Madison según las costumbres de nuestra familia, la alta sociedad de la ciudad espera a que mi familia prepare un convenio para mi propio matrimonio, pues sería uno muy ventajoso por la posición de la empresa. Chloe solo quiso adelantarse a ellos.

—Si conoces sus acciones, ¿por qué la buscas?

Detestaba la terapia, pues él deseaba echar abajo todos mis mecanismos de defensa. Aun así, todavía no podía renunciar a las llamadas telefónicas. Me ayudaban a continuar con mi día a día.

—¿Cree que no intento detenerme? Sé que mi relación con Chloe es tóxica.

—Primero tienes que dejar de pensar que tienes una relación con ella. Eso se terminó hace muchísimo tiempo.

—¡Lo sé! —La voz me salió más tensa de lo que pretendía.

Un sonido lastimero escapó del hocico de mi compañero, por lo que lo rasqué detrás de las orejas a modo de disculpa. Sabía que detestaba verme alterado.

—Por lo que me has contado, volver a responder sus llamadas parece mantenerte atrapado en el mismo patrón.

Asentí, incapaz de detener el movimiento de mi pierna izquierda.

—¿Ansías llamar a tu madrina?

—No en este momento.

— Sabes que estas sesiones ya no son familiares. Parte del trabajo de exposición consiste en que puedas permanecer aquí sin ellos.

—Lo sé.

—¿A qué se debe tu ansiedad?

Coloqué los brazos sobre los muslos, bajé la cabeza y tiré del cabello. En un susurro añadí:

—Quiero llamar a Edén.

—¿Tu asistente?

—Sí.

—Volvamos a hablar de ella. ¿Qué cambia en ti cuando estás con Edén?

Se me tensaron los hombros y cerré las manos sobre las rodillas.

—Nuestra relación…

—¿Qué relación, Antoine? ¿Acaso le confesaste lo que te aqueja?

—No, aún no.

—Te ilusionaste con un papel.

—Quizás antes de conocerla, pero después de dos semanas ella se ha convertido en mi baluarte.

Apreté los dedos contra mis rodillas. Su tono me recordaba demasiado al de mi familia cuando hablaban de ella. Les demostraría que estaban equivocados.

— Dos semanas son muy poco tiempo para saber qué significa lo que sientes, Antoine. Y todavía no sabes si ella lo vive de la misma manera.

Me quedé en silencio. Entonces añadió:

—¿No será mejor que busques a otra asistente? Me preocupa la intensidad con la que estás vinculando tu bienestar a su presencia.

—En esta ocasión se equivoca, doctor —respondí en un tono afilado.

— No estoy diciendo que no puedas sentir algo por ella. Me preocupa que confundas el alivio que encuentras cuando está presente con una relación romántica.

—No lo sé explicar, pero estoy seguro de que no es eso.

—No quiero que te engañes o que perdamos el avance que hemos logrado, Antoine. Por ahora es tu asistente y existe una relación laboral que debes respetar mientras averiguas qué siente ella.

—Ella responde a mi cercanía. Estoy seguro de que existe algo entre los dos y que muy pronto estaremos juntos. Me aseguré de ello.

—Antoine… —interrumpió.

Me levanté, por lo que Yaad entró en alerta.

—¿La sesión ya terminó?

—Antoine…

—Nos vemos en la próxima sesión, doctor.

En cuanto salí, Ethan me esperaba. Subí al G90 y Yaad se acomodó sobre mí.