El silencio de Avikar 22
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Edén

El repartidor había entregado el almuerzo solo unos minutos antes y me dirigía al salón de juntas para servirlo en la vajilla de la empresa. En cuanto entré, me encontré con el señor James. La mesa estaba en orden, incluso le habían pasado una nueva capa de aceite.

Me contempló, se acercó con paso seguro y me rodeó. Me sentí muy incómoda bajo su escrutinio severo.

—¿Desde cuándo te acuestas con mi sobrino?

Me quedé en silencio, aunque le sostuve la mirada y una sonrisa ladina se dibujó en sus labios.

—¿Cómo lo sé? Cualquier mujer se sentiría horrorizada si su jefe de «unas horas» la ata a él, pero tú solo te ruborizaste al temer nuestra reacción.

Me gustaría conocer la opinión de la familia, no obstante, imagino que la familia estará encantada porque al fin el chico lleva una vida normal, aunque bastante escandalosa para nuestra familia; quizás por eso escogió una canadiense.

Pero me veo en la obligación de aconsejarte que no mezcles tu profesionalismo con sexo.

—Asumo que le ofreció el mismo consejo a su secretaria.

Intenté que mi voz sonara estable, algo que rara vez conseguía. Los pensamientos jamás se detenían, al grado de tener que hablar despacio para darle tiempo a mi cerebro de abrirse paso entre ellos.

El señor James sonrió sagaz.

—Veremos qué dice mi hermana de tu contratación. Mientras tanto, disfruta de tus días de gloria, te aseguro que serán muy pocos.

—Eso dependerá de él.

El señor James se acercó tanto que contuve el aliento.

—Grosera, ¿eh?

Creo que te ganaste a un enemigo.

—¿Edén?

Tras reconocer la voz inconfundible de Avikar, solté el aire.

—Será mejor que almorcemos en mi oficina.

—Sí, señor.