El silencio de Avikar 21
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Edén

Él se desabrochó el botón del traje ejecutivo, terminó de rodear el escritorio y se sentó. Entre los dedos tenía unos documentos. Agarré el teléfono de la oficina e hice el pedido del almuerzo. Al terminar, me senté en la silla frente a él y tomé dictado de varias cartas.

—Eso es todo por el momento. En un par de días quiero visitar varios supermercados y tiendas de servicio con el tío Benjamín para observar de cerca cómo se mueve nuestro producto. ¿Podrías coordinarlo?

—Sí, señor.

—Muy bien. Nos reuniremos en el salón de juntas para almorzar y encargarte otros asuntos.

—De acuerdo.

Salí de la oficina, me senté en el escritorio y coloqué la libreta a la altura exacta para leer los apuntes al mismo tiempo que tecleaba en la computadora. En cuanto terminé de redactar las cartas y la minuta de la reunión, me puse en pie.

Derecha… Izquierda… Derecha… Izquierda… Te equivocaste… ¿Lo traes contigo?… Sí… ¿Estás segura?… Sí… Revisa… Revisa… Revisa…

Regresé al escritorio para empezar de nuevo y me llevé la mano al bolsillo derecho para tocar el estuche.