El silencio de Avikar 19
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Edén

—Muchas gracias, señor James. Pero quiero trabajar para él.

Jamás bajé la mirada.

—Gracias, Edén —susurró el señor Avikar.

En sus labios apareció esa pequeña curva, como si estuviera complacido.

—A usted, señor.

—¿Ahora sí hablamos de mi conversación con el señor Ortiz? —Recorrió la mesa con la mirada.

Si el señor James me había parecido imponente, era porque aún no había visto al señor Avikar tomar el mando como CEO de la embotelladora.

—El señor Ortiz está preocupado por la demanda que interpuso el pueblo de Wellington Central a raíz del pozo que una embotelladora suiza compró en Ontario.

Comencé a hacer anotaciones de sus intercambios.

—¿Eso qué tiene que ver con nosotros? Nuestra agua proviene de la recolección del agua de deshielo de los glaciares. Solo utilizamos el 0,01 % del agua que brota. Incluso se puede decir que ayudamos a controlar el aumento de los océanos —contestó el señor Owen en un tono irritado.

Mientras hablaba, mi atención volvió a la taza de la señorita Zoey.

¿Quizás si utiliza una taza negra? ¿Se verá muy extraño que me levante y tome la taza para lavarla?

No si te llevas todas las tazas. Creo que, si me levanto con disimulo y tomo las tazas a mi lado derecho, no les parecerá tan extraño.

O podría tomar solo la de la señorita Zoey y argumentar que yo no he tomado café…

¿Y qué vas a hacer cuando esperen que sí tomes?

—Owen, no podemos cegarnos. Muchas personas creen que contribuimos al calentamiento global. Además, se quejan de pagar un precio elevado por un bien que sale de los grifos de sus hogares y consideran seguro —dijo el señor James.

Sentí un leve tirón en la pierna, para que regresara la atención a las discusiones.

Tu jefe tiene formas muy extrañas de hacerte olvidar tus compulsiones, Edén.

—Eso díselo a las personas de Michigan y Texas.

¿Cuántas veces no hemos tenido que responder con donativos porque su agua «segura» los está matando?

¿Quién fue la primera empresa que respondió ante las inundaciones de Trenton y Ontario?

Además, Antoine es el principal inversor en varios proyectos de potabilización en comunidades de escasos recursos.

Sabía que la embotelladora era una de las empresas con mayor responsabilidad social del país, pero muy pocos lo conocían. Ni siquiera aparecía en la página de internet, las redes sociales o la publicidad.

—Owen, tranquilízate. Comenzar una guerra con los consumidores no es la manera de llevar los negocios —intervino el señor Benjamín.

Era un hombre de mirada afable. Vestía un traje ejecutivo entallado de una marca asequible, mucho menos ostentoso que el de los demás Avikar.

Entonces fui yo quien jaló la pierna del señor Avikar. Él giró hacia mí con el ceño fruncido.

—¿Quieres decir algo? —susurró.

—Es que, salvo una mención en el periódico local, nadie sabe nada de eso.

La familia continuó con la discusión. Desde que varias comunidades en Canadá aprobaron leyes contra el uso de botellas plásticas, la embotelladora utilizaba cajas de cartón para envasar el agua y mantener el producto asequible para el público.

Aun así, habían conservado el nombre de Embotelladora Avikar en honor a Mahir Avikar, su fundador.

—No alardeamos de nuestra responsabilidad social —dijo él en voz baja, solo para mí.

—No es alardear. Es información relevante para el consumidor. Si la empresa responde cuando una comunidad lo necesita, deberían saberlo antes de tener que comprobarlo.

—¿Nos quieren hacer partícipes de su conversación? —intervino la señorita Zoey.

El señor Avikar sostuvo mi mirada unos segundos antes de volver hacia los demás.

—Edén piensa que debemos incorporar nuestra labor social a la comunicación de la empresa. ¿Puedes encargarte, Jack?

—Esta misma tarde tendré actualizadas la página, las aplicaciones y las redes sociales —le aseguró su primo.

—Otro tema de inquietud es la posible terminación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte por las amenazas del presidente de los Estados Unidos.

El señor Logan ya comenzó a comer. Es la excusa perfecta para llevarme las tazas…

Sentí un nuevo tirón en la pierna mientras su pulgar acariciaba el mío.

—¡¿Qué podemos hacer nosotros contra eso?! —estalló el señor Owen.

—Es un asunto que preocupa a todo el sector comercial del país, hijo. ¿Qué le inquieta en específico? —preguntó el señor Benjamín.

—Que tengamos que pagar aranceles y perdamos el precio tan competitivo que manejamos.

—Sí, pero nos estamos adelantando a los hechos. Todos sabemos que en México hay elecciones en julio y los republicanos en Estados Unidos se mantendrán firmes hasta que aseguren su mayoría en las elecciones legislativas en noviembre. Eso nos cubre durante casi un año —razonó el señor James.

—Es lo que le expliqué al señor Ortiz.

Hasta ese momento, la reunión me había parecido innecesaria. Lo admiré aún más porque, aunque podía tomar las decisiones como CEO, seguía haciendo partícipe a su familia.

—¿Para qué nos llamaste? —El señor Logan no podía ocultar el aburrimiento—. Todo esto lo pudiste hablar a solas con el tío James.

—Quiero asegurarle al señor Ortiz que hacer negocios con nosotros es una buena decisión. Desde demostrarle que nuestra flota de camiones es la más moderna y segura del país hasta mostrarle nuestra solidez en el mercado canadiense.

—Es un buen comienzo. La reticencia del señor Ortiz es que no somos una empresa conocida a nivel mundial y él quiere cerciorarse de que invertirá en una empresa seria y responsable. —Al parecer la señora Amelia ya tenía algunas ideas en mente.

—Cada uno pondrá al día sus departamentos. Incluso tú, Logan.

—¿En esa estúpida base de datos? ¡Eso está en chino! —rezongó su primo.

—¿Podría encargarse, señorita Swan? Es una de sus destrezas.

—De hecho, ya comencé, señor Avikar.

—¡Por Krishna! Ya la has llamado Edén en tres ocasiones y la tienes amarrada a ti como si fuera un perrito a punto de escapar de tus garras, puedes dejar los formalismos, Antoine —La señorita Zoey no parecía muy contenta.

Has dado una gran primera impresión. Su familia ha de pensar que estás involucrada con tu jefe, ¡y solo llevas aquí medio día!

—Eso es todo por el momento. Si me disculpan, tengo que explicarle a mi asistente personal en qué consiste su trabajo.

—Tengo que recoger…