17
Edén
Al salir, me saqué el teléfono del bolsillo izquierdo del traje ejecutivo para llamar al único restaurante en el que confiaba. Se encontraba en Baker Street, por lo que no tardarían en llegar.
Cerca de diez minutos después regresé al escritorio, tomé las toallitas húmedas en cloro y me dirigí al salón de juntas que estaba junto a la oficina del señor Avikar.
La antigua mesa de pino había sido tallada a mano, sus patas tenían labrados símbolos hindús.
No podría limpiarla con las toallitas. Me aproximé al gabinete en el fondo del salón, al abrir la puerta, vi la vajilla y el aceite con olor a limón.
Me acerqué a la mesa y, cuidadosa, distribuí unas gotas del líquido por toda la superficie.
Coloqué el limpiador en el gabinete con la etiqueta hacia el exterior.
Saqué un par de toallitas para las patas de las sillas de cuero.
Cuando terminé de lavar la vajilla por tercera vez, ubiqué nueve platillos, luego ocho servilletas al lado derecho y una al lado izquierdo.
También me aseguré del brillo en las cucharillas de plata.
Puse un envase de agua Avikar frente a cada plato.
Es un grave error, Edén, a este paso tú misma provocarás tu muerte.
Hice una pausa. Salí del salón de juntas para ir al baño.
Cuando entré, me acerqué al lavamanos, mojé las manos enguantadas, les eché jabón y las lavé tres veces.
Me quité los guantes y me lavé las manos nueve veces.
Entonces las humecté con esmero para intentar eliminar la irritación y me las cubrí con unos guantes frescos.
Cuando salí, el teléfono sonó con una notificación, por lo que caminé hasta la puerta principal para recibir el pedido. Regresé al salón de juntas para terminar con los preparativos.