El mensaje tardío
Durante la búsqueda, Inés se había lastimado el tobillo.
Al regresar apenas había hablado de la caída con Paula. La joven ya tenía demasiadas imágenes que no podría quitarse de la cabeza. Cuando le pidieron reconstruir la noche, en cambio, contó el episodio completo.
Había ocurrido unos minutos antes de la llegada de Ariel. Inés y Elías acompañaban a dos vecinos por un tramo próximo al acceso. Revisaban una huella corta que terminaba en una explanada antigua.
A unos metros del camino vieron una luz moverse y apagarse.
Podía ser un teléfono. Podía ser el reflejo de otra linterna. Llamaron a Hugo y no obtuvieron respuesta. Inés avanzó unos pasos dentro del área que estaban iluminando, siguiendo lo que parecía una superficie continua.
El borde cedió bajo su bota.
Se deslizó por una pendiente de material suelto. Eran apenas unos metros, pero la oscuridad le impedía ver dónde terminaban. La pierna se le enganchó entre dos piedras y el cuerpo siguió girando. Sintió un dolor seco en el tobillo y se quedó inmóvil, con la linterna apuntando hacia su propia cara.
Elías le pidió que no intentara levantarse.
Los otros dos iluminaron desde arriba. Elías encontró una bajada por un costado y llegó hasta ella. Le liberó la pierna sin tirar de ella y esperaron a comprobar si podía apoyar.
Inés recordaría después la vergüenza antes que el dolor. Había explicado decenas de veces que una superficie podía engañar de noche. Bastó una posible luz de alguien perdido para que empezara a caminar como si saberlo fuera una protección física.
Cuando la ayudaron a subir, vio algo junto a una mata baja.
Una tira amarilla, atrapada en una espina.
La señaló sin recogerla. Elías fotografió su posición y avisaron a quienes coordinaban la búsqueda. Más adelante, una marca de neumático cruzaba la huella antigua. Uno de los vecinos se quedó señalando el punto mientras los demás volvían a pedir ayuda para Inés.
La tira parecía parte del poncho de Hugo.
O del desconocido de la foto.
Al amanecer, esa diferencia seguía existiendo.
Ahora, sentada en la habitación pequeña que Ariel había dispuesto para que descansara, Inés miraba el vendaje elástico del tobillo. Le habían recomendado reposo relativo y consultar si empeoraba. No conduciría mientras no pudiera frenar con seguridad; Elías había llevado el minibús de vuelta.
Darío golpeó la puerta.
Traía una bolsa con hielo envuelta en una toalla.
—Siempre haces eso —dijo al verla.
—¿Qué?
—Vas un paso más allá de lo que dices que vas a hacer.
Inés recibió la bolsa y la apoyó sobre el tobillo.
—No necesito que me expliques cómo soy.
Darío se sentó en una silla junto a la puerta. Había envejecido de golpe durante la noche. Tenía polvo en el cuello y una marca pálida donde normalmente llevaba el reloj.
—Entregué todos los archivos —dijo.
—Bien.
—La foto no está montada en un computador.
—Puede estar preparada antes de abrir el archivo.
Él miró la ventana.
Inés sintió que acababa de hacer una pregunta sin pronunciarla.
—¿Te habló Hugo de dinero? —añadió.
Darío volvió la cabeza.
—Me pagó el servicio.
—¿Algo más?
—No empieces a convertir cada conversación en otra cosa.
Se levantó antes de que ella respondiera. Dejó una segunda toalla sobre el respaldo, un gesto doméstico que Inés hubiera agradecido en cualquier otro momento.
Cuando Darío salió, Inés revisó el mensaje con el que él le había ofrecido aquel trabajo. El pago superaba lo habitual para cinco jornadas, pero incluía flexibilidad de horarios y equipo adicional. Darío había dicho que Hugo era un antiguo cliente y quería privacidad.
No había mencionado que Ariel le debía dinero a Hugo.
Tampoco que Lucía revisaría un contrato durante el viaje.
Inés anotó las preguntas en su libreta. Después tachó una frase que había escrito sin darse cuenta: Darío no haría eso.
No sabía todavía qué era eso.
Mucho menos podía saber quién sería capaz de hacerlo.
Al mediodía, Paula abrió la puerta sin llamar. Tenía el teléfono extendido frente al cuerpo.
—Me llegó esto —dijo.
Era un mensaje enviado desde un número que no conocía.
«Su hermano está retenido. No avise a nadie. Espere instrucciones.»
Hugo llevaba varias horas muerto.