El Señor del Tiempo (Las aventuras de Quim Mora 1) Capítulo 68
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Capítulo 68

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Edificio Vimley C incluso se encontraron relatos de viajeros en la antigua Sumeria, aproximadamente de la misma época, sobre el año 3500 antes de Cristo.

Tiempos remotos en los que todavía no existían las doce tribus judías.

Los levitas conservadores se niegan a aceptar que desciendan de sacerdotes egipcios o sumerios, a pesar de que hay ladrones de almas que han viajado al pasado y lo han comprobado in situ numerosas veces .

En la última reunión de mentes privilegiadas del clan, maestros en campos muy diversos tampoco lograron dar respuesta a la pregunta que se llevan haciendo demasiados siglos: ¿Por qué doce?

Sea como fuere, doce mentes pueden saltar como máximo en un radio de ciento seis kilómetros y treinta y dos metros.

Ni uno menos. Si se incumplen estas reglas morirán, como lo han hecho miles de ladrones de almas a lo largo de los años, hasta que fijaron este extraño e incomprensible resultado que hoy en día nadie sabe explicar.

— Eza peaso guarra nos ha calao na más llegá —escupe Jacob al entrar en la sala. Va directo hacia la mesita de la esquina para servirse un café.

—No quiero insultos en mi presencia, Jacob. Entiendo tu malestar, pero estoy segura de que puedes expresarte sin violentarme —indica Ruth, seria, sin dejar de mirarlo.

Jacob respira y se guarda una ristra de ofensas que están preparadas para salir de su boca en cualquier momento. No tiene paciencia, la perdió hace mucho tiempo. Y su mente está muy trastornada, cosa que tampoco le ayuda.

El veterano ladrón se sienta y opta por no decir nada.

Pocos segundos después entra Samuel, el enviado del Sumo.

—Hemos fracasado estrepitosamente en nuestra labor una y otra vez —informa Ruth, como si ellos no lo supieran—. El Sumo ha tomado una decisión: debemos prepararnos para un ataque conjunto.

Ambos hombres la miran con los ojos más abiertos de lo normal. Hace siglos que no se ha efectuado algo así. Varios grupos dispuestos a un salto conjunto es un hecho nunca visto por ellos. Un viaje de multitud de asesinos entrenados en una misión de persecución, caza y muerte.

Jacob sonríe.

—¿Cuántos grupos? —quiere saber Samuel.

—Seis. La distancia de seguridad no permite más.

—¿Lugar? —vuelve a inquirir el enviado del Sumo .

—El epicentro será el castillo de Clos-Lucé, en Amboise. Francia —confirma Ruth, tras mirar la pantalla.

Los espías que los ladrones de almas tienen apostados por medio mundo, durante multitud de épocas, han informado de la aparición del extranjero en un lugar y una fecha en concreto.

—Desde allí mismo saltará el primer grupo en el que estaréis vosotros dos. Los cinco grupos restantes se colocarán en círculo a la distancia mínima de seguridad.

Ruth lee la información de su tablet .

—Concretamente en las ciudades de Angers, Le Mans, Orleans, Bourges y Poitiers.

La poderosa dama les muestra un diagrama que se asemeja a una diana, cuyo epicentro es el castillo donde vivió sus últimos días Leonardo Da Vinci.

La jefa mira su reloj.

— Vamo a dá candela al Zeñó der Tiempo —indica Jacob. Su mirada es lunática.

Ruth asiente. Mirando sus ojos intuye que, muy posiblemente, este sea el último salto de Jacob. Su mente ya no da para más. Es momento de jubilarlo.

—¿Entiendo que no habéis averiguado nada de él?

La pregunta de Ruth flota en el aire como una niebla densa.

Los dos hombres niegan con la cabeza.

—La mujer de la fonda nos quiso engañar. Supongo que no nos vio de fiar —cuenta Samuel—. ¿No habéis podido averiguar nada con los datos que os dimos?

Ruth levanta una ceja sorprendida.

—Hombre de raza caucásica que, como mínimo, habla catalán, español y francés, y que ha sido visto en el siglo catorce en Barcelona y en el sur de Francia —suelta la mujer de carrerilla sin necesidad de comprobar los datos—. ¡Ah! Espera, me olvidaba de lo más importante: se llama Quim.

Samuel asiente con la cabeza dándose cuenta de que con esos parámetros no hay por dónde empezar a buscar. Puede ser un Señor del Tiempo que ha nacido y vivido en los últimos siete siglos. Por nada del mundo se pueden imaginar que es contemporáneo a ellos y que vive en su misma ciudad .

—Preparaos para el viaje. Saldremos en media hora hacia el aeropuerto de Sabadell. Allí nos espera el avión y un trayecto de casi dos horas hasta Le Mans.

Jacob se pone en pie, visiblemente tocado, y camina hacia la salida. Antes de llegar se detiene, se gira hacia su jefa y la observa con los ojos encendidos de rabia.

—Que ze prepare eze mamón porque esta vé no ze me va a escapá .