El Señor del Tiempo (Las aventuras de Quim Mora 1) Capítulo 46
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Capítulo 46

Tienda de Quim

Un latigazo en las cervicales me avisa de que llevo demasiado rato sentado tras el mostrador sin dejar de darle vueltas a varias ideas que me tienen algo desconcertado.

Aun así, noto como el sueño se acerca, sigiloso.

Soy capaz de dormirme hasta de pie. Siempre he tenido facilidad para echarme una cabezadita rápida.

La verdad es que el aire fresco, la luz tenue y la música que suena de fondo ayudan bastante a caer en los brazos de Morfeo.

Eso y que la tienda está cerrada y nadie entra a molestar, claro está.

Hace una hora que Lucía se marchó de la plaza dejándome con la piel de gallina.

Hemos quedado en vernos después para acabar de concretar cuándo será esa cena.

Ha remarcado las palabras esa cena de una forma muy graciosa.

Todavía no sé cómo lo he hecho, pero lo importante es que lo he hecho. Ya veremos cómo acaba…

Ahora debo concentrarme en algo que me tiene inquieto. Intento poner en orden las diversas historias que pululan por mi cabeza. Hechos que se entremezclan como serpientes en un terrario.

Por un lado, tenemos a una poderosa familia descendiente de los levitas que persigue lo mismo que nosotros, capaces de enviar asesinos sin escrúpulos a la librería de mi amigo y, muy posiblemente, asaltar también la iglesia, con nocturnidad y alevosía, burlando la seguridad de Laura.

Esta estirpe que, según Ismael y Gerard, tiene muchos números de ser la responsable del ataque a la caravana y, mucho me temo, autores también de casi acabar con mi vida de dos flechazos envenenados.

Y entre estos actos hay siete siglos de diferencia, lo que me demuestra que no han cesado en su búsqueda.

No tiran la toalla por más tiempo que pase.

Perros de presa, como decía el relojero. Y eso no es bueno para nosotros.

Mi mirada está perdida entre las estanterías que hay al otro extremo de la tienda. Mis ojos van desde vasijas romanas a cascos medievales, pasando por cerámicas de distintas épocas.

Hay algo más oculto en todo este galimatías.

Debo hacer caso a ese escalofrío, ese aviso arácnido que nunca me falla y que me ha asaltado varias veces en pocos días.

Antes de saltar de nuevo al pasado y averiguar quiénes fueron los que casi acabaron conmigo, además de saber también qué pasó con Bernat y su nueva familia, para ir aclarando algunos puntos quiero comprobar quién entró anoche en la iglesia.

Paso a paso.

Vayamos por partes, como dijo Jack el destripador.

Miro mi ropa y, por mucho palo que me da cambiarme ahora, sé que no es la adecuada para este salto.

Bajo al almacén y busco en un pequeño armario donde siempre dejo alguna muda por si acaso, a ver si hay algo que me pueda valer, así no tendré que subir a mi casa.

Eso me da más palo todavía. No es necesario que baje a mi guarida secreta a cambiarme ya que allí solo tengo ropa de épocas pasadas y este salto es a unos pocos días atrás.

Encuentro unos pantalones de chándal de color negro a juego con la camiseta que llevo y que me vale para la ocasión. Completaré la vestimenta con una sudadera fina, con capucha, y del mismo color que el resto de la ropa. Que no se diga que no voy conjuntado.

Todo de negro.

Vamos que, si me ve la policía llegar a la iglesia, me para sin pensarlo por sospechoso de manual.

Veo al fondo del armario una braga que uso en invierno para taparme la cara del frío y que para el cometido nocturno de hoy me irá de perlas, no sea que Laura haya puesto cámaras en el interior de la iglesia y me pille con las manos en la masa.

De Laura me lo espero todo .

Me miro en el espejo de la pared y me doy el visto bueno.

Ahora solo falta decidir el lugar y el momento.

Lo que quiero saber es quién entró en la iglesia ayer noche.

Para ello tengo que estar dentro en ese instante.

No creo que, desde fuera, apostado por ejemplo en la azotea del edificio de enfrente, pueda saber quiénes fueron los autores del asalto.

Necesito ver sus caras, incluso fotografiarlas, si es posible, para averiguar más tarde sus identidades.

Y para ello ya debo estar dentro ante de que los cacos entren.

El lugar es evidente: interior de la iglesia de Sant Jaume.

Momento: ayer, viernes, sobre la medianoche.

Pues a cuándo he saltar no es tan fácil como parece…

Si quiero estar dentro, esperando a los ladrones, debo saltar desde el interior de la iglesia. In situ . Ya te conté que puedo viajar en el tiempo, pero no en el espacio. Así que necesitaré hacer varios saltos.

Primero, tendré que saltar al pasado y entrar en la iglesia en algún momento anterior al descubrimiento de la cripta, cuando no había vigilancia policial en la puerta durante las veinticuatro horas del día.

Segundo, saltaré desde el interior de la iglesia hasta ayer por la noche antes del robo.

Tercero, volveré al pasado de nuevo para salir de la iglesia sin que haya policías de por medio.

Y, en cuarto lugar, saltaré al presente con toda la información y, a ser posible, sin daño alguno, por el amor de Dios.

Pues vamos a ello, que no es poco…

Piensa, Quim.

Si saltas ahora al pasado, desde la tienda, asegúrate de no encontrarte contigo mismo o te explotará la cabeza. Veamos. ¿Dónde estaba el domingo pasado?

Llovía a cántaros. Eso lo recuerdo. Estaba en mi casa tirado en el sofá viendo series y comiendo palomitas. Nada bueno para la salud, pero ideal para lo que necesito en este momento.

Me concentro.

Hoy es sábado. Busco mi destino seis días atrás. Justo un día antes de que se descubriera la cripta a causa de las lluvias. Hora... por la tarde, sobre las siete, cuando falte poco para que acabe el horario de atención al público.

Respiro.

Me aíslo del entorno.

Noto como la luz brillante se acerca y siento mi cuerpo volar.