El Señor del Tiempo (Las aventuras de Quim Mora 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Pasado

En el Raval

La puerta del balcón está abierta. Es tan vieja que no cierra bien y eso es una buena noticia para mí.

La abro con cuidado, centímetro a centímetro para evitar que las bisagras chirríen y despierten al tipejo que duerme a metro y medio de donde estoy.

Entro estirado cual marine en plena misión, pero a diferencia de ellos, a mí me duelen los codos y las rodillas al gatear.

Cierro la puerta de nuevo, pero no del todo. Después tendré que volver a salir.

El que duerme a un metro de mí huele a pescado que lo flipas.

Este debe de ser el que trabaja en el mercado y que se acuesta sin pasar por la ducha.

Gateo por la habitación, apartando las cajas que hay tiradas por el suelo, hasta que consigo salir al salón.

Está todo oscuro. Oigo varios ronquidos acompasados por sirenas de fondo.

Me parece escuchar también los gritos de la loca del tercero, aunque es posible que tan solo sea mi imaginación.

En la sala de estar me pongo de pie. Las rodillas y la espalda crujen más alto que los ronquidos. Menuda mierda de espía que sería. En la habitación donde morirán los tres individuos no hay nadie. Tan solo una cama vacía. Imagino que quien duerme aquí trabaja de noche. Otra buena noticia.

Entro y elijo cuál será el mejor lugar para colocar las cámaras.

Una la pondré en la lámpara del techo. Tiene una base negra y redonda con dos focos que apuntan hacia abajo.

Me subo a la cama y la coloco en el centro de la base.

Queda bastante bien disimulada. Está dará una imagen cenital de todo el lugar.

La segunda cámara no veo dónde colocarla.

Las paredes son grises, Pantone número no he pintado una mierda en los últimos cincuenta años.

No hay armarios y el marco de la puerta es de un color blanco asqueroso a juego con los chorretones de las paredes del resto de la estancia.

Solo voy a poder dejar la cámara del techo, que no mostrará las caras de los italianos, pero da igual porque ya las tengo grabadas de cuando salieron antes.

Con esto será suficiente. Me importa más la conversación que las imágenes gore que se verán.

Creo que he escuchado algo…

Acaban de abrir la puerta de la entrada. ¡Joder!

Ya sabía yo que esto no podía ser tan fácil, es que no hay un puto salto en el que no me encuentre con imprevistos.

Salgo de la habitación al mismo tiempo que veo la luz del pasillo encendida.

Alguien ha entrado en la cocina. Entro en la habitación almacén de Amazon y gateo hasta el final.

Me quedo tirado entre la cama y la puerta del balcón.

Espero en silencio. Oigo pasos que llegan al salón y se acercan hacia donde yo me encuentro.

Ha entrado. Comienza a remover las cajas de cartón.

Me encojo un poco e intento meterme bajo la cama, pero no quepo.

El que duerme a un palmo de mí se mueve y el denso tufo a pescado me llega con más fuerza.

Balbucea algo. Se está despertando. ¡Mierda!

El otro tipo sigue removiendo las cajas del suelo.

Estas no son horas para buscar nada, joder.

Vete a la puta cama ya. El pescadero se despierta.

Se incorpora en la cama y baja los pies al suelo, por suerte, por el lado contrario al que estoy yo.

Miro el balcón, aunque casi lo puedo tocar, me parece que está a doscientos metros.

Llegar hasta él sin ser visto sería una proeza imposible.

Ni el mejor marine podría lograrlo. Me quedan pocos segundos para que el que no deja de dar por culo con las cajas me vea si no encuentra antes lo que está buscando. No me puedo arriesgar.

Respiro .

Me concentro en el momento al que quiero saltar, pero no lo veo claro. Solo puede haber un yo a la vez en un mismo lugar. Si me encuentro conmigo mismo podría llegar a morir. Ya te lo cuento después que ahora no estoy para narraciones.

Puedo saltar un segundo después de que saltara desde el balcón esta mañana, pero ya había gente en la casa, y varios en esta habitación rebuscando entre las cajas.

Si salto algo más tarde es muy posible que me encuentre con la policía.

Joder, siempre igual. He llegado a pensar que el puto equilibrio del universo no deja de tocarme los huevos cada vez que estoy en el pasado para advertirme de que esto no se hace.

Como un castigo. Chaval, esto es antinatural y te tienes que quedar quietecito.

Anda y que te den por el arco del triunfo, equilibrio de los cojones.

Respiro en profundidad. Noto los latidos ralentizándose. Me van a ver. Busco el silencio absoluto. Me cuesta, pero lo encuentro. Veo la luz. Elijo el momento de la llegada. Ojalá no me equivoque. Mi cuerpo ya no pesa. Estoy volando…

—¡Hostia puta! ¡Qué susto! Me había parecido ver a un tío tirado en el suelo al lado de tu cama —exclama Akram en árabe, con una caja de cartón en la mano y el corazón desbocado.