EL SELLO NEGRO CAPÍTULO IV #3
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CAPÍTULO IV #3

La levantó entre los dedos.

-…abre el lugar donde empezó todo.

En ese mismo instante los dos oyeron el rugido de unas ruedas sobre la grava del camino que llevaba a la cabaña.

Un coche acaba de detenerse frente a la puerta. Y alguien llamó con tres golpes secos.

¡Toc…Toc…Toc…!

Grabriel y Alba se miraron sin moverse.

La última frase de la carta iba a hacerse realidad. Ninguno de los dos iba a abrir la puerta.

Y no la abrieron, hasta que no oyeron nada, no hicieron lo que el día anterior, hicieron comida y cena, tomaron café.

Y echaron una siesta.

Pero Alba no podía dormirse.

-Gabriel…

-Umm,- dime.

-Álvaro dónde ha estado todo este tiempo, ¿se quedó en el pueblo?

-No, por lo que me enteré estudio finanzas e inversiones y se fue a trabajar a una empresa para la bolsa de Nueva York. Ese era lo que siempre soñó. Ha vuelto unos meses para desestresarse. Es lo único que sé. Todos cumplimos nuestros sueños.

-¿Y por qué ha vuelto precisamente ahora? ¿Te das cuenta de que hemos vuelto todos, menos ese que no sabemos quién es? Ni me acuerdo. Debe ser Jesús. Él siempre quiso quedarse en el bosque. ¿Y si es Jesús, quien hace todo esto? ¿El único que recuerda todo?

-No sé Alba. Es todo un enredo.

-Y en la otra foto, también nos falta saber quién es el cuarto hombre que no sale en la foto.

-¿Y si Felipe recuerda a alguien?- dijo Alba. ¿Por qué no bajamos a tomar un café y de paso me subo una compra que necesito?

-Está bien bajemos.

…

Cuando tomaban café sacaron las dos fotografías, la de los menores, no conocían al cuarto chico, pero creían que era Jesús. Y la de los mayores, estaba el tío de Gabriel, Valdivia, un desconocido y el cuarto que no sale en la foto.

-Pero tú dijiste que dos se fueron del pueblo…

Y en ese momento, Álvaro había entrado al bar y se sentó con ellos. Se saludaron.

-¡Joder qué susto!- dijo Alba.

-¡Hola! Sí que hace tiempo que no nos vemos. Pero no soy un ogro mujer. ¿Dónde habéis estado?

-En Madrid, casada y divorciada, y ahora vivo en la cabaña de mi padre.

-¿En esa que está al comenzar el bosque?

-La conoces bien, nos has asustado dos noches seguidas.

-¡Qué dices Alba! Si no he ido, me enteré esta mañana de que habías vuelto y tú también Gabriel, ¿qué tal te va?

-No tan bien como a ti don elegante.- y él sonrió.

Álvaro era un hombre muy atractivo. Alto, como Gabriel, de ojos marrones muy claros y pelo castaño. Vestía muy bien, elegante y de modales impecables y marcas caras.

-He sabido que has vuelto por unos meses, que trabajas en la bolsa de Nueva York.

-Exactamente. Necesitaba respirar. Puede ser estresante. ¿Y tú qué haces?

-Soy diseñadora gráfica, cuando me divorcie hace unos meses, me vine y trabajo desde aquí, portadas de libros, revistas, lo que me envía la empresa. Luego vuelvo una vez al mes y entrego, reuniones, y me vuelvo con más. Restauré la cabaña.

Miró a Gabriel y le pidió a Felipe un café.

-Me he quedado con el despacho de mi padre. Soy abogado. Está mayor, pero prefiero vivir aquí, está cerca de Valdemora, y tengo una casa, la de mi tío, al lado de la de mi padre. Pensaré restaurarla.

-¿Y qué dices de que estuve en la cabaña?

Y Alba le contó lo que había pasado.

-¿En serio? Pero eso fue hace tantos años que ni lo recordaba.

Y ella le puso las dos fotografías.

-Este chico lo recuerdo, claro. Era Jesús, vino con su padre, el guarda forestal. Vivían en la cabaña del guarda. No tenía madre y vivían en una cabaña en el bosque. ¿No os acordáis? Era un chico, serio, reservado. Poco hablador. Alba creo que salía contigo. Algo tuvisteis.

Y Alba quiso recordar…

-No, nada ni Alba lo recuerda ni yo tampoco, y no lo recordamos. Estuvimos ayer en la cabaña dele guarda, está derruida. Y luego tenemos esta foto.

-Ese es tu tío, Gabriel.

-Sí, éste el guarda, éste no lo conocemos y otro que no sale en la foto, menos, eso dicen las cartas. Pues si se fueron dos cuando murieron mi tío y el guarda… no sabemos quienes son, ni qué fue de Jesús, si sabes su nombre.

Álvaro se quedó mirándolo.

-Pero si era nuestro mejor amigo. ¿No os acordáis? Íbamos juntos a todos lados.

-¿Qué paso aquella noche Álvaro?

-Jesús, Gabriel y yo lo vimos, tú lo viste Gabriel, díselo. Ella estaba allí con Jesús, era tarde, casi de noche y cuando intenté correr hacía el pueblo… no recuerdo más.

-Solo oí un disparo- dijo Gabriel, pero todo estaba oscuro.

-Dos. Dos disparos.

-¿Dos?

-Sí. Uno a tu tío que no le dio pero cayó por el barranco y se dio con una piedra. El otro le dio al guardabosques y yo miraba como caían. Cayó redondo. Y cayeron más. Hubo más de dos disparos.

-Fueron los dos que faltan. Éste que no era del pueblo, era un cazador y otro que no sé quién es porque en la oscuridad no lo reconocimos. Pero seguro del pueblo no eran.

-¿Y por qué los mataron?

-¿Porque el guardabosques no está en su lápida.

-¿Cómo que no?- dijo Álvaro.

-Como que sigue en el bosque justo donde lo mataron. Eso creo, lo pone en la carta. Y el hijo ¿qué fue de él?

-Nadie lo sabe. Desapareció como por arte de magia.

-¿Por qué querían matarlos?, debe haber una explicación lógica. Nadie mata así como así, ni viene de otro pueblo a matar a nadie sin motivo.

-Sí, eso pienso yo.

-Pues tengo que averiguarlo porque me están fastidiando y estoy asustada. Y no lo vi.

-Quizá crean que lo viste.

-Además al mes me fui con mi padre a Madrid cuando nos dieron las vacaciones.

-Le voy a preguntar a mi padre- dijo Gabriel.

-Y yo a los míos a ver si recuerdan aquello o al menos las habladurías.

-¿Y si vamos donde ocurrió todo?, si lo enterraron allí…

-¡Joder que vengo a desestresarme!- dijo Álvaro.

-¿De verdad no has pasado por la cabaña?, era tu voz.

-No, os lo juro. No sabía nada de esto. Pero me uno a preguntar y demás. Aunque la gente no quiere remover recuerdos de esos.

-Bueno. Nos enteraremos.