El Sello del Diablo Capítulo XIII #2
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Capítulo XIII #2

El tercero era una nota de la letra de Manrique, escrita en 1974: "He encontrado estos documentos en la cripta de la ermita de Majada Blanca durante los trabajos de restauración.

Los deposito aquí porque no sé a quién entregarlos de manera segura, y porque destruirlos sería un crimen de otra naturaleza.

Quien los encuentre sabrá qué hacer con ellos.

César Manrique. 12 de diciembre de 1974. "

Elba leyó los tres documentos en silencio. Luego los leyó de nuevo.

A su lado, Julián miraba el anillo sobre la mesa junto a la caja abierta. El ave rapaz atrapando la serpiente. El mismo sello, en el anillo y en el contrato. La cadena completa.

—Trescientos años —dijo Elba en voz baja.

—Trescientos años desde que Fray Tomás escribió esto hasta que tú lo lees. —Julián no levantó la vista del anillo—. Y entre medias, todas las personas que intentaron que no llegara hasta aquí.

* * *

Rodrigo Salazar-Ponte fue detenido a las seis de la mañana del jueves en su finca de Haría.

No fue una detención espectacular. Dos coches de la Guardia Civil, un inspector de paisano que llamó al timbre con la orden de detención y la expresión tranquila de quien tiene el papeleo en regla y no necesita hacer el trabajo más complicado de lo necesario.

Rodrigo abrió la puerta en bata, miró los documentos, asintió una vez, y pidió quince minutos para vestirse.

Tardó exactamente doce.

El abogado llegó al cabo de dos horas. A las once de la mañana ya había presentado tres recursos procesales distintos, ninguno de los cuales prosperó antes del mediodía.

La jueza encargada del caso había decidido que el peso de la evidencia preliminar justificaba la prisión preventiva, y lo había decidido con la eficiencia específica de quien ha leído los documentos la noche anterior y llegó al juzgado ya con la decisión tomada.

Elba cubrió la detención desde la puerta del juzgado con la serenidad de alguien que ha pasado dos años trabajando hacia un momento y cuando el momento llega ya no necesita emocionarse porque la emoción la ha procesado en otro lugar, a lo largo de muchas noches y muchos documentos y muchas notas sin confirmar.

Publicó el primer artículo a las dos de la tarde.

El diario de Fray Tomás era exactamente lo que prometía: un relato detallado, en el español formal del XVIII, de lo que había ocurrido en la ermita de la Virgen de los Remedios la noche del 14 de septiembre de 1730.

Tres nombres, tres muertes, un perpetrador identificado por nombre y blasón familiar.

Fray Tomás era un hombre de letras y también un hombre de observación: las descripciones eran específicas, los tiempos precisos, los detalles del tipo que no se inventa porque la gente que inventa tiende a inventar dramáticamente, y la realidad es siempre más clínica y más gris.

La combinación del diario con el anillo, los dos documentos de la merced real, y el cuaderno de Doña Carmen que describía el intercambio de 1987 era, según el abogado que Mateo había encontrado en Las Palmas con la ayuda de un contacto de Elba, suficiente para construir un caso.

—¿Cuánto tiempo? —había preguntado Julián.

—Para llegar a juicio, dos o tres años. Para la sentencia, depende. El patrimonio de la familia es complejo y los abogados de la defensa van a complicar todo lo que puedan.

—¿Pero hay caso?

—Hay caso. —El abogado había guardado los documentos con el cuidado de quien maneja cosas que valen—. Esto no desaparece.

El proceso judicial que siguió a la publicación fue más rápido de lo que el abogado había prometido y más complicado de lo que había previsto, que son las dos cosas que ocurren simultáneamente cuando un caso tiene suficiente peso documental como para que los jueces no puedan ignorarlo pero suficientes intereses cruzados como para que nadie quiera ser el primero en empujarlo.

La familia Salazar-Ponte presentó doce recursos en los primeros treinta días.

Prosperaron dos.

Rodrigo contrató a cuatro abogados adicionales y publicó una declaración en la que describía la investigación de Elba como "una campaña de difamación basada en documentos cuya autenticidad no ha sido verificada por ninguna autoridad competente.

" La declaración fue recogida por tres medios locales y por ninguno nacional, lo cual le decía a Elba todo lo que necesitaba saber sobre cómo estaba resultando la semana.

El Instituto de Patrimonio Cultural emitió un dictamen provisional sobre la autenticidad del diario de Fray Tomás: compatible con el papel y la tinta del siglo XVIII, escritura coherente con las muestras documentadas del período, ningún indicador de falsificación detectado con los métodos disponibles.

No era una confirmación definitiva pero era suficiente para que los medios nacionales empezaran a hacer preguntas.

Julián declaró ante el juez el día doce.

Dos horas de preguntas sobre el proceso de muestreo, el hallazgo del anillo, y los motivos por los que había decidido no entregar los datos del sector noroeste a Vidal.

Respondió con la precisión de alguien que ha repasado mentalmente la misma secuencia de hechos muchas veces y sabe que la versión que recuerda es la que ocurrió.

Vidal fue detenido cuatro días después de Rodrigo.

A diferencia de la detención de Rodrigo, que fue tranquila y protocolar, la de Vidal fue en el aeropuerto de Lanzarote, cuando intentaba embarcar en un vuelo a Lisboa con una maleta de mano y la expresión de alguien que lleva dos días haciendo como que todo está bien mientras decide si huir o quedarse.

El guardia civil que lo detuvo le dijo más tarde a Julián que había sido la expresión más que la maleta lo que había llamado la atención.

Julián recibió la noticia de la detención de Vidal sentado en la terraza de la casa rural de Uga, con el portátil y el primer borrador de un artículo que había decidido escribir sobre la geología de los tubos volcánicos de Lanzarote, que era el artículo que debería haber escrito desde el principio si las cosas hubieran ido según el contrato original.

Cerró el portátil.

Miró el malpaís.

Pensó que la geología era una ciencia honesta: mostraba lo que había ocurrido sin omisiones ni interpretaciones, con la paciencia de quien no tiene prisa porque el tiempo es el único material con el que trabaja.

Las personas eran más complicadas. Pero a veces, cuando se daban las condiciones correctas, llegaban al mismo sitio.

Elba publicó el segundo artículo una semana después del primero.

Este era más técnico: la historia documental completa, desde la merced real de 1698 hasta el intercambio de 1987, con los dictámenes de autenticidad y las declaraciones del Instituto de Patrimonio.

El tipo de artículo que no se lee de un tirón sino que se guarda para consultarlo, que se convierte en referencia.

El tercer artículo llegó dos semanas después. Este era el que Elba había tardado más en escribir, no porque le faltara material sino porque tenía demasiado y necesitaba encontrar el orden.

Era sobre Diego Herrera.

Su investigación, sus hallazgos, el momento en que había llegado demasiado cerca.

La noche en la alquería de Yaiza, que la Guardia Civil había clasificado como accidente y que el nuevo proceso clasificaba como otra cosa.

Los doce años que habían pasado entre su muerte y el momento en que la historia que había empezado a desenterrar llegó hasta el final.

Era el artículo más difícil que había escrito. Y cuando lo publicó, supo que era también el mejor.

La madre de Diego la llamó el día que lo publicó. No dijo mucho. Dijo lo que había que decir y lo dijo con la voz tranquila de alguien que acaba de dejar de cargar algo que llevaba doce años en los brazos.

—Gracias —dijo.

Era suficiente.

Elba colgó el teléfono y se quedó mirando el artículo en la pantalla del portátil durante un momento largo. Las palabras que había escrito sobre Diego, los hechos que había podido establecer, la historia que había podido contar.

No era todo lo que había ocurrido. Nunca se puede contar todo lo que ha ocurrido. Pero era suficiente para que quien lo leyera entendiera lo que importaba.