El sello de los diez Chapter 49
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Chapter 49

La embarcación era una lancha a motor de siete metros , pintada de negro y sin nombre en el costado; contaba con un doble motor fuera de borda y un asiento de proa reforzado que no correspondía a un equipo de recreo.

Valeria Corradi la reconoció por su perfil cuando aún se encontraba a trescientos metros de distancia y, sin levantar la voz, ordenó a Elena y Matteo que entraran en la sacristía y no salieran bajo ningún concepto.

Elena y Matteo se refugiaron tras la pesada puerta de madera de la sacristía, que aún se sostenía sobre su único gozne, mientras Matteo empuñaba una palanca de hierro como única defensa.

Desde su escondite, oyeron pasos sobre el terreno irregular y la voz firme de Valeria identificándose como oficial de la Guardia Costera ante un hombre de acento centroeuropeo.

El desconocido exhibió una supuesta autorización de un estudio legal veneciano para acceder a la isla en nombre de la Speranza-Stiftung , pero Valeria rechazó el documento de inmediato, advirtiéndoles que cualquier interferencia con una operación de seguridad marítima constituía un delito penal .

Tras la retirada de los hombres, Valeria advirtió a Elena y Matteo que Vance probablemente los tenía bajo vigilancia y que debían fotografiar y enviar cada prueba encontrada a múltiples direcciones antes de regresar a puerto.

Fue entonces cuando Matteo, al examinar nuevamente el vano abierto en el presbiterio, descubrió un envoltorio de piel encerada oculto entre la lámina de piombo y la pared de piedra.

Valeria confirmó que, junto con la impresión del sello falso en el plomo, este documento era la evidencia necesaria para invalidar el título de Vance .

Con el manuscrito protegido contra su pecho, Elena y sus compañeros se prepararon para abandonar la isla, sabiendo que aún les quedaban seis días para la batalla final en el tribunal.