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Primer Pergamino
Queridísima hermana:
Tengo presente que mis misivas no pueden alcanzarte en estos primeros años de tu noviciado.
Aun así, he querido escribirte y compartir contigo la alegría que me inunda en estos momentos.
Presiento que entiendes el impulso vital que guía mis decisiones, después de todo, fuiste tú la primera en abandonar la casa noble y rechazar a nuestro amigo, el marqués d e Eustabio, quien, me gustaría creer, estaba sinceramente enamorado de ti.
Siempre he sentido como si de un palazo me hubieran desplazado de mi lugar de origen, como una planta arrancada que no acierta a encontrar su lugar, como si en algún momento mis raíces hubieran saboreado un poco de la tierra del Jardín del Edén, y no hay lugar, bien, ni persona, que pueda igualársele.
Esa desolación ha sido cambiada hoy por alegría: he encontrado la ruta .
Hay un hombre santo entre nosotros, se llama Francisco.
Vive en Rivolto construyendo templos, y el papa Inocencio le otorgó hace pocos meses la aprobación para formar la Orden de los Frailes Menores.
Hice los votos de pobreza, castidad y obediencia junto con Ginepro, oriundo de Espoleto.
Él tuvo la ocurrencia de cambiarse el nombre y ahora se hace llamar Junípero.
Está aún más alegre que yo, si cabe, puesto que es un hombre sencillo; todas las incomodidades le parecen bien.
Sé que poco te importa la política, pero déjame contarte lo que pasó luego de que ingresaste al convento.
El rey dispuso que las tierras de Umbría sean entregadas al papa.
Nuestra vivienda en Marignano había sido dada a nuestra familia por el rey.
Por lo tanto, no podía ser vendida, así que cedí mediante poder público el cuidado de la vivienda a nuestra nana y a don Eustabio.
Hubieras visto su felicidad, la nana empezó a llorar, pues sabes lo mal que le sentaba la humedad de la choza y don Eustabio se quedó sin habla.
Todo lo demás, incluyendo vestidos y ganado, lo he donado a los pobres que abundan con mirada perdida por el valle.
Solo recordarlo me llena de alegría. Ahora entiendo cómo estar pegado a los bienes materiales es una carga pesada además de infructuosa.
El sol se ha ocultado y yo me he quedado sin luz, señal de que esta carta ha llegado a su fin.
Tu desarraigado hermano,
Masseo de Marignano (a partir de hoy, fray Masseo).