El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 53 — Navidad en el Faro
98%

Capítulo 53 — Navidad en el Faro

La primera Navidad de Elena en Ponta Brava llegó envuelta en un frío atlántico distinto al de Madrid, más húmedo, más salado, pero no por ello menos entrañable.

Rafael cumplió su promesa y llegó tres días antes de Nochebuena, cargado de turrones y jamón que insistió en traer desde España "para que esta casa no pierda del todo sus raíces", bromeó, aunque Elena supo reconocer, detrás de la broma, la ternura sincera de un hombre que por fin volvía a sentirse cómodo en un lugar que durante veinte años solo había sabido asociar con la pérdida.

Zé cerró la taberna esa noche y se unió a la cena en el faro, junto con Dona Graça, Tio Aurélio y, para sorpresa de todos, Rita Ferreira, que había decidido pasar las fiestas en el Algarve en lugar de regresar a Lisboa, "por primera vez en años sin una investigación urgente entre manos", confesó con una sonrisa cansada pero feliz.

La mesa de la cocina, ampliada con tablones prestados por Zé, apenas lograba acomodar a todos los comensales.

Marcos había cocinado, con ayuda de Rafael, un bacalao a la brasa acompañado de castañas asadas, mezclando sin complejos las tradiciones portuguesas y españolas de ambas familias en un único menú que a nadie pareció incomodar.

—Esto es exactamente lo que Carmen habría querido —dijo Zé, alzando su copa hacia el retrato de la anciana farera que Elena había colgado, meses atrás, en la pared principal de la cocina—. Una mesa llena, ruidosa, de gente que se quiere sin necesidad de decirlo a cada rato.

Después de la cena, mientras los demás se quedaban charlando junto a la chimenea recién restaurada, Elena subió sola hasta la cúpula del faro, como había empezado a hacer cada noche desde que se instaló definitivamente, para encender el mecanismo y comprobar que todo funcionara con normalidad.

Marcos la encontró allí unos minutos después, con dos copas de vino oporto que había subido con cuidado por la escalera de caracol.

—Feliz Navidad, arquiteta do farol —dijo, entregándole una copa y sentándose a su lado en el pequeño banco que habían instalado en la pasarela exterior, ya reparada del todo tras la tormenta que casi les costó la vida un año atrás.

—Feliz Navidad, farero terco —respondió Elena, apoyando la cabeza en su hombro mientras contemplaban juntos el haz de luz girando sobre un mar en calma, iluminando de manera intermitente la línea oscura del horizonte hacia el Cabo de San Vicente.

—¿Alguna vez pensaste que acabarías aquí, celebrando la Navidad en la cima de un faro, en lugar de en tu piso de Madrid? —preguntó Marcos, con una sonrisa que Elena ya conocía de memoria.

—Ni en mis peores pesadillas —bromeó ella, riendo—. Ni en mis mejores sueños tampoco, la verdad. Pero no cambiaría este lugar por nada del mundo, ahora mismo.

Se quedaron un rato más en silencio, viendo girar la luz, escuchando de fondo las risas amortiguadas que subían desde la cocina, sintiendo ambos, sin necesidad de decirlo en voz alta, que aquel faro que tantas tragedias había presenciado a lo largo de tres generaciones, había encontrado por fin, gracias a ellos, un motivo distinto para seguir brillando cada noche: no la vigilancia del dolor pasado, sino la celebración serena de una familia, antigua y nueva a la vez, que había decidido, contra todo pronóstico, echar raíces allí donde antes solo habían crecido secretos.