Capítulo 54 — Nota Final
Ponta Brava, como tantos pueblos pequeños de la costa atlántica, guarda todavía muchos secretos menores que quizás nunca lleguen a salir del todo a la luz: viejas rencillas familiares, pequeños arreglos de otra época, silencios heredados de generación en generación que ya nadie recuerda bien por qué empezaron.
Pero el gran secreto que durante veinte años pesó sobre aquel faro solitario en el extremo suroccidental de Europa había sido, por fin, resuelto.
Elena, sentada muchos años después frente a la misma mesa de roble donde había leído por primera vez el diario de su abuela, con el sonido familiar de las olas de fondo y la luz del faro girando puntualmente cada noche sobre las aguas del Atlántico, solía repetir a quien quisiera escucharla una frase que había terminado adoptando como propia, aunque en realidad perteneciera a Carmen: que un faro, como una familia, solo cumple de verdad su propósito cuando alguien decide, contra toda comodidad y todo miedo, seguir cuidando su luz, noche tras noche, para que otros, perdidos en la oscuridad, puedan siempre encontrar el camino de regreso a casa.
**FIN**