El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 40 — La Periodista de Lisboa
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Capítulo 40 — La Periodista de Lisboa

Entre la detención de Manuel Coelho y la celebración del juicio, una mujer joven de gafas gruesas y libreta siempre a mano se presentó una mañana en la puerta del faro.

Se llamaba Rita Ferreira, era periodista de investigación de un diario de Lisboa, y llevaba, según explicó sin rodeos, casi dos años intentando documentar la red de blanqueo de capitales que sospechaba operaba a través de varias câmaras municipais del Algarve, sin haber podido nunca reunir pruebas concluyentes.

—Cuando salió la noticia de la detención, supe que tenía que venir —dijo Rita, sentada en la cocina del faro con un café frente a ella que apenas tocó—.

Llevo años detrás de Coelho y de al menos otros tres alcaldes de la costa que sospecho están metidos en el mismo entramado.

Sus documentos podrían ser la pieza que me falta para destapar algo mucho más grande que Ponta Brava.

Elena, todavía recelosa después de todo lo vivido, intercambió una mirada con Marcos antes de responder.

—Esos documentos ya están en manos de la Polícia Judiciária. No sé si puedo, o debo, compartir copias con la prensa.

—Lo entiendo, y no te pido que hagas nada ilegal —Rita se inclinó hacia delante, con la urgencia de quien lleva demasiado tiempo golpeando la misma puerta cerrada—.

Pero si hay algo que hayas visto, algo que no esté en el expediente oficial, cualquier detalle sobre cómo operaba Coelho con las empresas fantasma...

podría ayudarme a proteger a otros pueblos de que les pase lo mismo que a Ponta Brava.

Durante las semanas siguientes, Elena y Rita mantuvieron un contacto discreto, con Marcos vigilando siempre de cerca, receloso de que la exposición pública pusiera a Elena en el punto de mira de los socios de Manuel que aún seguían libres.

Un aviso anónimo, deslizado una noche bajo la puerta del faro, sin firma, con solo tres palabras escritas a máquina —"Cuidado con hablar"— confirmó que aquellos temores no eran infundados.

Aun así, Elena decidió colaborar, convencida de que el silencio de tantos años, el mismo silencio que había protegido a Manuel Coelho durante dos décadas, no podía ser la respuesta correcta ahora que por fin tenía la oportunidad de romperlo.

El reportaje de Rita, publicado semanas antes de que comenzara el juicio bajo el título "A Rede do Silêncio: como um autarca comprou duas décadas de impunidade no Algarve", provocó una investigación paralela que acabó salpicando a otros dos municipios y a un antiguo diputado regional.

Ponta Brava, sin buscarlo, se convirtió en el epicentro de una limpieza mucho más amplia de la que nadie, ni siquiera Carmen en sus años de pesquisas solitarias, había llegado a sospechar del todo.

—Tu abuela abrió una grieta que ya no se puede cerrar —le dijo Rita a Elena, la última vez que se vieron antes del juicio —. Eso, pase lo que pase en el tribunal, ya no se lo puede quitar nadie.