El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 38 — Reconstruyendo Confianza
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Capítulo 38 — Reconstruyendo Confianza

Con las primeras luces del alba filtrándose por los cristales rotos de la cúpula, Elena y Marcos esperaron en silencio a que la tormenta terminara de amainar, custodiando al hombre inconsciente que yacía maniatado en un rincón de la sala de la linterna.

El otro, el que había caído por la barandilla, no volvió a aparecer entre las rocas hasta que, horas después, un equipo de rescate marítimo localizó su cuerpo varado en una cala cercana.

—Tenemos que hablar de lo de antes —dijo Elena por fin, rompiendo el silencio, sin mirarlo directamente—. De la cueva. Del tatuaje.

Marcos asintió despacio, con la mirada perdida en el mar, todavía agitado pero ya sin la furia de la noche anterior.

—Sé que lo que hice de niño no tiene excusa fácil, Elena. Pero quiero que sepas que cada decisión que he tomado desde que volviste ha sido para intentar enmendarlo, no para protegerme a mí mismo.

—Me mentiste durante días.

—Te oculté una parte de mi pasado. No es lo mismo, aunque entiendo que ahora mismo te parezca igual de imperdonable —Marcos se giró hacia ella, con una honestidad cruda en el rostro, magullado y agotado tras la pelea—.

Podría haberme marchado del pueblo hace años, empezar de cero en otro sitio donde nadie supiera lo que hice de adolescente.

No lo hice porque sentía que debía quedarme, cuidar este faro, cuidar de tu abuela, como una manera de pagar, aunque fuera en parte, lo que no pude impedir aquella noche.

Elena guardó silencio un largo rato, sopesando sus palabras contra el peso de todo lo vivido.

—Necesito tiempo —dijo finalmente—. No para decidir si te denuncio, porque ya sé que no lo haré: eras un crío amenazado por un hombre poderoso, y lo que hiciste anoche, arriesgando tu vida por mí, cuenta para algo, y para mucho. Pero sí necesito tiempo para volver a confiar en ti del todo.

—Puedo esperar —respondió Marcos, sin apartar la mirada—. Llevo veinte años esperando la oportunidad de hacer lo correcto. Puedo esperar un poco más para que confíes en mí otra vez.

Fue una respuesta sencilla, sin grandes promesas ni dramatismos, pero a Elena, extrañamente, le bastó.

No para olvidar lo ocurrido, sino para empezar, muy despacio, a construir sobre ello algo distinto: una confianza elegida conscientemente, con los ojos abiertos, en lugar de la confianza ciega e ingenua con la que había llegado a Ponta Brava apenas unas semanas atrás.