El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 28 — La Leyenda de las Grutas
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Capítulo 28 — La Leyenda de las Grutas

Mientras la tormenta ganaba fuerza sobre sus cabezas y reunían el equipo necesario para el descenso —cuerdas, una segunda linterna, la palanca de hierro—, Marcos le contó a Elena lo que sabía sobre el origen de aquellas grutas, en parte para prepararla, en parte, sospechaba ella, para calmar sus propios nervios.

—Mi abuelo solía contar que estas grutas se usaron por primera vez durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Portugal era neutral y el Algarve se convirtió en un hervidero de espías, contrabandistas y refugiados que intentaban cruzar hacia Gibraltar —explicó, comprobando la carga de las linternas—.

Se decía que agentes de ambos bandos, alemanes y aliados, usaban esta misma costa para intercambios discretos.

Después de la guerra, los pescadores locales heredaron las rutas y las usaron para el contrabando de tabaco y café, sobre todo durante los años del Estado Novo, cuando escaseaba de todo.

—¿Y mi bisabuelo, el farero, lo sabía? —preguntó Elena, sujetando la cuerda con manos algo temblorosas.

—Si lo sabía, se lo llevó a la tumba. Aunque hay quien dice que apagaba la luz del faro deliberadamente ciertas noches sin luna, a cambio de una parte del cargamento.

Otros dicen que era un hombre honrado que simplemente miraba hacia otro lado, como hacía casi todo el pueblo.

La memoria de estos sitios es así, Elena: cada uno recuerda la versión que mejor le permite dormir.

Elena pensó en su propia familia, en la posibilidad de que aquel legado de silencio y complicidad viniera de mucho más atrás de lo que había imaginado, tejido en la propia piedra del faro generación tras generación, hasta llegar a Carmen, la primera de su linaje que había decidido romper el silencio, aunque le costara la vida hacerlo en soledad.

—Sea como sea —dijo Marcos, terminando de asegurar la última cuerda—, lo que hay ahora ahí abajo no es una leyenda de posguerra.

Es la prueba de que Manuel Coelho convirtió una vieja tradición de contrabando de tabaco en una operación de blanqueo de capitales a gran escala.

Y no creo que le haga ninguna gracia que estemos a punto de encontrarla.

El viento aulló con fuerza renovada contra los muros del faro, como si la propia tormenta quisiera advertirles de que no bajaran.

Elena, sin embargo, sintió que cualquier miedo que pudiera sentir quedaba superado por la determinación helada que llevaba acumulando desde que leyó la última carta de su madre. No había vuelta atrás.