El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 19 — Los Archivos de la Junta
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Capítulo 19 — Los Archivos de la Junta

La Junta de Freguesia ocupaba un pequeño edificio encalado junto a la iglesia parroquial, con las ventanas cerradas a cal y canto y un candado sencillo en la puerta trasera que Marcos abrió con una ganzúa improvisada, disculpándose por conocer el truco desde su adolescencia.

—Antes veníamos aquí a robar los expedientes de multas de pesca de nuestros padres —confesó, con una media sonrisa nerviosa, mientras se colaban al interior a oscuras.

El archivo era un caos ordenado de cajas de cartón apiladas hasta el techo, cada una rotulada con el año correspondiente en una caligrafía burocrática desvaída. Buscaron durante casi una hora, guiándose solo por la luz de sus móviles, hasta dar con la caja marcada con el año de la muerte de Isabel.

Dentro encontraron actas municipales, permisos de obra, y finalmente, un fino legajo con el membrete de la antigua Guarda Fiscal, el cuerpo que antaño patrullaba las costas portuguesas contra el contrabando.

Elena lo abrió con manos temblorosas, esperando encontrar el informe del accidente de su madre.

Faltaban páginas. Arrancadas limpiamente del tomo correspondiente al mes del accidente. Alguien había limpiado el rastro oficial, con una meticulosidad que solo alguien con acceso privilegiado a esos archivos podría haber logrado.

—Solo alguien con autoridad podría haber entrado aquí sin levantar sospechas —murmuró Marcos, hojeando el resto del legajo—. Un funcionario. O un alcalde.

Antes de irse, Elena reparó en un cajón lateral, casi escondido tras un archivador oxidado.

Dentro había un sobre amarillento, sin abrir, dirigido a "Carmen Valdés, Farol de Ponta Brava", con matasellos de hacía dieciocho años.

Nunca había sido entregado. Se lo guardó en el bolsillo del chubasquero sin decir nada, decidida a abrirlo cuando estuviera a salvo.

Salieron del edificio justo cuando las primeras luces del amanecer teñían de rosa el cielo sobre el Cabo de San Vicente. El pueblo aún dormía, ajeno a que dos de sus habitantes acababan de descubrir que su historia oficial tenía páginas arrancadas a propósito.

De vuelta en el faro, exhausta pero con la adrenalina aún corriendo por sus venas, Elena abrió el sobre olvidado.

Dentro había una única fotografía: Isabel, joven, sonriente, de pie junto a un hombre que Elena no reconoció, frente a lo que parecía la entrada de una cueva en el acantilado.

Al dorso, una nota escrita con una caligrafía distinta a la de su abuela: "Isabel sabe demasiado. Hay que hacer algo antes de que hable."

El corazón de Elena se detuvo un instante. La nota no estaba firmada. Pero la letra, angulosa y precisa, le resultó extrañamente familiar.