El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 15 — La Reunión Vecinal
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Capítulo 15 — La Reunión Vecinal

Dos días después de su llegada, Elena se enteró por casualidad, gracias a un cartel pegado en el escaparate de la mercearia, de que esa misma noche se celebraba una reunión vecinal en el salão paroquial para discutir "el futuro urbanístico de Ponta Brava".

Decidió asistir, más por curiosidad que por otra cosa, acompañada de Marcos, que insistió en que sería mejor que no fuera sola.

El salón, una sala amplia de suelo de madera desgastada y sillas de plástico dispuestas en filas irregulares, estaba lleno hasta los topes cuando llegaron.

En el estrado, el Dr. Manuel Coelho presidía la mesa junto a dos hombres trajeados que Elena no reconoció, presentados como "representantes de la promotora Costa Dourada Investimentos".

—Este proyecto traerá trescientos puestos de trabajo directos a Ponta Brava —proclamaba uno de los hombres trajeados, con la seguridad aprendida de quien ha dado la misma presentación en una decena de pueblos costeros—.

Un resort de cinco estrellas, un campo de golf de primer nivel, y una revalorización de las propiedades de toda la zona.

Un pescador mayor, sentado cerca de Elena, se levantó con dificultad, apoyándose en su bastón.

—¿Y qué pasa con nuestras casas, con nuestro modo de vida?

¿Con el acantilado donde llevamos generaciones faenando?

—preguntó, con la voz temblorosa por la edad pero firme en el tono—.

Ya hemos visto lo que pasó en Albufeira, en Vilamoura.

Los precios suben tanto que los hijos de este pueblo ya no pueden vivir aquí.

Un murmullo de aprobación recorrió la sala. El Dr. Manuel levantó las manos en un gesto conciliador practicado.

—Entiendo las preocupaciones, Joaquim, de verdad que sí.

Pero el mundo avanza, y Ponta Brava no puede quedarse anclada en el pasado para siempre.

Solo necesitamos resolver el último obstáculo: los terrenos del faro, que llevan demasiado tiempo bloqueando un proyecto que beneficiaría a todo el pueblo.

Todas las miradas se volvieron, entonces, hacia Elena, sentada al fondo de la sala. Sintió el peso de decenas de ojos evaluándola, algunos con esperanza, otros con un resentimiento apenas disimulado, como si ella, sola, tuviera en sus manos el destino económico de todo un pueblo.

—Elena, querida, ya que estás aquí —dijo el Dr. Manuel, con una sonrisa que no lograba camuflar del todo la tensión en su voz—, quizás quieras decirle a tus vecinos qué piensas hacer con la propiedad de tu abuela.

Elena se puso en pie despacio, sintiendo que Marcos le apretaba la mano brevemente por debajo del asiento, en un gesto de apoyo silencioso.

—Todavía estoy decidiendo, Dr. Manuel. Pero le prometo a todo el pueblo que tomaré la decisión con la misma seriedad con que mi abuela protegió ese faro durante toda su vida. No voy a dejarme presionar por nadie, ni a favor ni en contra.

Salió de la reunión con la sensación incómoda de haberse convertido, sin buscarlo, en el centro de un conflicto que llevaba fermentando en el pueblo mucho más tiempo del que ella podía imaginar, y con la creciente certeza de que el interés de Manuel Coelho por aquellos terrenos iba mucho más allá de un simple proyecto turístico.