El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 14 — Alianzas Inesperadas
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Capítulo 14 — Alianzas Inesperadas

De regreso al faro, Elena encontró a Marcos reparando uno de los ventanales de la planta baja. El viento había aflojado, pero el frío seguía siendo penetrante. Al verla llegar, Marcos dejó las herramientas y se limpió las manos en un trapo.

—¿Qué tal por el pueblo? —preguntó, observándola con atención.

—Tenso —respondió Elena, sin rodeos—. Parece que todos están muy interesados en que venda el faro y me largue cuanto antes. Especialmente el presidente de la câmara.

Marcos frunció el ceño y miró hacia el horizonte, donde el mar se fundía con las nubes grises.

—El Dr. Manuel siempre ha tenido grandes planes para Ponta Brava.

Complejos turísticos, campos de golf, hoteles de cinco estrellas frente al mar...

El faro y sus terrenos son el último obstáculo para su proyecto estrella, el llamado Resort Costa Dourada.

Tu abuela se negó en redondo a vender durante años, a pesar de las presiones.

Elena lo miró sorprendida. Carmen nunca le había mencionado nada de eso en sus escasas conversaciones telefónicas.

—¿Y tú qué piensas de todo esto? —le preguntó, desafiante.

Marcos sostuvo su mirada. Sus ojos, del color del mar en calma, transmitían una sinceridad inesperada.

—Pienso que este faro es historia. Es patrimonio marítimo portugués, algo que no debería estar en venta al mejor postor. Y pienso que tu abuela murió protegiendo algo más que unas piedras viejas.

Elena dudó un instante. ¿Podía confiar en él? Necesitaba un aliado, alguien que conociera los entresijos del pueblo. Tomó una decisión arriesgada.

—Ven conmigo —dijo, dándose la vuelta y dirigiéndose hacia las escaleras.

Lo condujo hasta el segundo nivel y abrió la puerta de la habitación secreta. Marcos se quedó boquiabierto al ver la red de hilos rojos y las fotografías empapelando la pared.

—Meu Deus... —murmuró, acercándose a la foto de Isabel—. Sabía que Carmen estaba investigando algo, pero no imaginé que llegara a este extremo.

—Creía que la muerte de mi madre no fue un accidente —dijo Elena, cruzándose de brazos para combatir el frío que emanaba de las paredes de piedra—. Y creo que encontró algo, una prueba, antes de morir. Pero no sé por dónde empezar a buscar.

Marcos examinó los mapas y recortes sobre la mesa.

—Si Carmen encontró una prueba física, no la habría dejado aquí a la vista. La habría escondido en un lugar seguro. Un lugar que solo ella, o alguien que la conociera muy bien, pudiera encontrar.

—¿Y los archivos del pueblo? —sugirió Elena—. Mi abuela menciona en su diario que revisó registros antiguos. Quizás allí encontremos alguna pista sobre lo que estaba buscando.

Marcos asintió lentamente.

—Tengo acceso a los archivos de la Junta de Freguesia. Puedo colarme esta noche y echar un vistazo a los registros de hace veinte años, los de la época del accidente de tu madre.

—Iré contigo —sentenció Elena.

Marcos la miró, evaluando su determinación, y finalmente asintió. Esa noche, la arquitecta de Madrid y el veterano farero de Ponta Brava se adentrarían en las sombras del pueblo, sin saber que estaban a punto de despertar fantasmas que llevaban dos décadas durmiendo.