El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 6 — El Primer Diario
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Capítulo 6 — El Primer Diario

El polvo danzaba en el haz de luz de la linterna mientras Elena avanzaba con pasos vacilantes hacia el centro de la habitación.

El aire estaba impregnado de un olor a papel viejo y encierro prolongado.

La pared cubierta de recortes y fotografías conectadas por hilos rojos parecía el trabajo de una mente obsesionada, o quizás, desesperada por encontrar respuestas.

Se acercó a la fotografía central de su madre.

Isabel sonreía a la cámara, con el viento alborotando su cabello claro, ajena al destino que le aguardaba en esos mismos acantilados dorados.

Alrededor de la imagen, las notas manuscritas de su abuela Carmen trazaban preguntas inquietantes: "¿Quién estaba con ella esa noche?

", "La maré-viva no coincide", "El farol estaba apagado".

Elena sintió un nudo en el estómago. La versión oficial siempre había sido que Isabel había resbalado accidentalmente durante una tormenta mientras paseaba cerca del acantilado de la Cornisa da Gaivota.

Pero esa pared sugería que Carmen creía algo muy distinto.

Sugería que la muerte de Isabel no había sido un accidente.

Sobre la gran mesa de roble, entre mapas de corrientes marinas y cartas náuticas de la Marinha portuguesa, descansaba un cuaderno de tapas de cuero negro, desgastado por el uso.

Elena lo tomó con manos temblorosas. Al abrirlo, reconoció de inmediato la caligrafía apretada y enérgica de su abuela.

Era un diario, escrito en un castellano salpicado ocasionalmente de palabras en portugués, como si Carmen ya no supiera del todo en qué idioma pensaba.

Se dejó caer en una silla de madera cercana y comenzó a leer a la luz de la linterna. La primera entrada estaba fechada dos meses después de la muerte de Isabel.

"Hoy he vuelto a la Cornisa da Gaivota. Las autoridades han cerrado el caso.

'Accidente trágico', lo llaman. Pero yo conozco estas rocas mejor que nadie.

Conozco las corrientes, conozco los ventos de leste.

Isabel también los conocía. Ella nunca habría caminado por esa cornisa durante una maré-viva.

Alguien la llevó allí. Alguien sabe lo que pasó en la oscuridad. "

Las páginas siguientes detallaban las pesquisas solitarias de Carmen. Entrevistas furtivas con pescadores en el pequeño puerto, observaciones sobre los movimientos de ciertos vecinos del pueblo, y un registro meticuloso de las luces y sombras que se proyectaban desde el faro cada noche.

Elena pasó las páginas rápidamente, buscando algo concreto, hasta que una entrada fechada hace apenas un año captó su atención.

"He encontrado la prueba. Estuvo oculta todo este tiempo en el lugar más evidente. Ahora entiendo por qué me han estado vigilando. Tienen miedo de lo que sé. Debo asegurarme de que Elena nunca descubra esto. Es demasiado peligroso. El farol debe guardar su secreto."

La respiración de Elena se agitó. ¿Qué prueba?

¿Quién la estaba vigilando? Cerró el diario de golpe, sintiendo que las sombras de la habitación se cernían sobre ella.

Su intención de vender el faro y regresar a Madrid se desvanecía rápidamente, reemplazada por una necesidad imperiosa y aterradora de descubrir la verdad.

Si su abuela había sido asesinada por lo que sabía, Elena no podía simplemente marcharse. Tenía que terminar lo que Carmen había empezado.