REYKJAVIC
1 año más tarde
Coraje se presentó en la casa de Lord Morlocke, ubicada en las afueras de Reykjavic, en Islandia, sin su paraguas. Llamó al gran portón y un hombre salió a su encuentro. Era Lord Morlocke. El hombre iba armado.
—Deseo ver a mi madre.
El hombre se acercó mirando en detalle el brazo mecánico del muchacho. —Es increíble lo que una partícula de liquen puede hacer para la ciencia. Ese brazo me costó una pequeña fortuna.
—Deseo ver a mi madre —insistió el muchacho.
—Sería muy vergonzoso para ambos. Créeme, es mejor así.
—No voy a irme sin verla.
Lord Morlocke lo invitó a pasar; la casa donde vivía se parecía más a un castillo que a una casa. Coraje se comía la comisura de los labios con sus dientes, la última vez que la había visto había sido en la quinta avenida. Él iba disfrazado de muchacho lobo.
Ana Wilson apareció en la sala, cargaba una bebé en brazos que lloraba en forma desquiciada.
—Mi marido dice que tienes algo importante que decirme.
Coraje la miró en los ojos y por un instante creyó que ella lo reconocía. La bebé se calmó al verlo.
—Parece que le caes bien. ¿En qué puedo ayudarte?
Lord Morlocke miraba la escena. Estaba dispuesto a matar con tal de conservar a Ana.
—No me reconoce, ¿cierto? —preguntó Coraje.
—Lo siento —mintió.
Coraje bajó la cabeza. —Creo que esto fue un error —dijo y se dio media vuelta—. Solo una pregunta: ¿qué es lo más importante?
Ana Wilson se acercó y susurró algo en su oído; eso era todo lo que el muchacho necesitaba escuchar. Coraje se despidió en forma educada. Su siguiente destino era Madrid.