HUGO CORAJE
(10 AÑOS ANTES)
Hugo Coraje, abuelo del muchacho, descansaba en su casa de campo en Vermont cuando golpearon a la puerta.
Se levantó gruñendo como perro rabioso y bajó las escaleras con sus pesados borcegos de guerra que dejaba siempre al costado de su cama en caso de emergencias.
George, el izquierdo y Washington, el derecho.
Hugo Coraje tenía la obsesión de ponerle nombre a todo. Llevaba una escopeta doble caño, Julieta, en una mano y su bastón, Dickens, en la otra. Tenía 87 años, y no era la primera vez que algún extraño golpeaba la puerta mendigando asilo.
Décadas atrás, Hugo hubiera acogido a cualquiera que se hubiera acercado buscando ayuda, pero en los últimos años su mal humor había aumentado junto con su vejez.
En especial desde que su hijo, Sir Benjhamin, había tenido la brillante idea de contraer matrimonio con esa pseudo-periodista, miembro del club de las 100 de Nueva York.
No podía culparlo: Ana Wilson, alias Nelly Bly, no solo era inteligente.
Lo único que ponía de buen temple a ese viejo cascarrabias era su único nieto, Timotheo Coraje, fruto del amor entre su hijo, Sir Benjhamin, y Ana Wilson, esa joven aprendiz de bruja llegada recientemente desde Escocia.
Abrió la puerta sin preguntar apuntando al medio del pecho.
—Drakar, ¿qué haces aquí? —lo reconoció de inmediato.
El hombre con aspecto de vikingo no se molestó en entrar para explicar su aparición.
—Es Ana, saben que encontró el Diario de Maddam Thenesis y que va a usarlo en contra del Club de las 100; van por su cabeza.
Hugo Coraje bajó la escopeta. En el fondo, él sabía que esto algún día podía pasar; agradeció a Drakar y lo despidió.
Luego se sentó en su escritorio. El anciano tenía un plan, pero su nieto iba a odiarlo.
Primero, necesitaba una abogada adentro del Club de las Cien de Nueva York para negociar.
Revisó sus papeles: Bella Abzug era la candidata ideal.
Pero para llegar a Bella necesitaba un nexo lo suficientemente sólido; su vieja amiga Jennie, tal vez podía ayudar, pero iba a costar caro.
Segundo debía convocar al Duque Perro para sellar el secreto. Solo el Duke Perro podría garantizar que nadie encontrara el Diario hasta que llegara el momento indicado.
Les podría escribir dos novelas adicionales sobre la historia de Hugo, pero no me quiero desviar, mejor volvamos con nuestro protagonista, pero antes, hay algunas cosas que deben saber.