LA BOMBA
Perfumado de pies a cabeza, Diciembre, el mayordomo, iba dejando su particular estela a lavanda flotando por la mansión. Se disponía a dar un paseo cuando el cartero lo sorprendió.
No habían tenido noticias de Sir Benjhamin en 10 años, hasta esa mañana, cuando recibieron una extraña carta y su inconfundible paraguas. Diciembre firmó la encomienda cerrando la puerta en sus narices.
El mayordomo le entregó respetuosamente la carta al joven y este supo por su mirada que no se iría a ninguna parte hasta que la leyera.
—¿No piensa salir? —lo provocó.
Cuando a Diciembre se le metía una idea en la cabeza no había forma de hacerlo cambiar de parecer. Coraje tomó la carta con desgano y con un cortapapeles la abrió prolijamente.
La lectura no era el fuerte de Coraje; según el médico de la familia, el joven padecía dislexia. Coraje le devolvió la carta al mayordomo para que la leyera en voz alta por él, sin saber que esa no era una carta, sino una bomba.