16 — ELORRIO. 11 de abril de 2025 #2
—No, gracias —respondió ella.
Iratxe, la mujer de Mikel, apareció en el salón.
—Cariño, esta es Juana, la amiga de Víctor de Almería, no sé si te acordarás de ella —dijo él—. Estaba por la zona y ha pasado a saludar.
—Si, claro, un placer verte de nuevo —respondió Iratxe.
Las dos mujeres se dieron dos besos.
A Juana le pareció que Mikel le hacía un gesto con la mirada para que les dejara solos.
—Voy a la cocina —indicó Iratxe con poco disimulo—. Tendréis mucho de lo que poneros al día.
Mikel se rio por lo bajo, una risa seca.
—Bueno Juana, me gustaría de verdad pensar que esto es una visita de cortesía, pero ya que sé cuál es tu trabajo, que creo te conozco algo y además leo la prensa, mi conclusión, me temo, es que no será así.
Juana no se sorprendió en absoluto, él era tal cual ella lo recordaba, alguien muy inteligente y perspicaz. No había tardado ni un minuto en atar cabos respecto a su presencia allí.
—De acuerdo, Mikel, iré al grano.
La mirada de Juana cambió, se puso seria.
—Entiendo —prosiguió— que ya sabes que ha muerto una persona en unos terrenos que eran de Solar Dynamics.
El forense ha confirmado que fue un asesinato.
No hay móvil, ni arma del crimen. Víctor tenía contratado una empresa de seguridad para vigilar dichos terrenos.
Quiero saber si tienes alguna idea de que podía haber oculto ahí, si algo en la empresa estaba fuera de lo normal.
Si sabes algo más relacionado con el cierre.
—Juana, no tengo ni la más remota idea sobre este asunto.
La compra de ese terreno fue un tema de Víctor —dijo Mikel—.
Todo parte del proyecto de investigación en el que andaba trabajando con Alonso.
Seguro que él, si estuviera vivo, te podría ayudar más que yo.
Ya sabes además cómo era Víctor; muchas veces hacía y deshacía a su antojo.
Juana lo observó con atención. Había algo en sus ojos, un destello de inquietud. Como si una parte de él hubiera estado esperando esta conversación desde hacía tiempo.
—Parecíamos un equipo —continuó él—. Pero al final Víctor tomaba todas las decisiones importantes.
Quizás no es lo que transmitía hacia afuera, pero así era.
Hasta el punto de que cerró la empresa sin avisar a nadie más.
Los que nos fuimos desde Euskadi con él para allí nos enteramos el mismo día que la prensa.
—Entonces, ¿no hay nada en esa zona de Rodalquilar que proteger durante diez años? Incluso cuando su dueño decidió desaparecer —dijo Juana.
Mikel se pasó una mano por la barba. Respiró hondo.
—No, que yo sepa —dijo finalmente—. Ya te he explicado cómo funcionaba Víctor en los temas importantes de la empresa.
Mikel alzó la mirada.
—Pero si tú has venido hasta aquí… no creo que sea para preguntarme algo que ya sabías. Así que cuanto antes vayas al grano, mejor.
Juana notó un escalofrío recorrerle la espalda. Esto no era un interrogatorio. Ella había hecho muchos, pero sin duda estaba enfrente de alguien mucho más inteligente de lo común.
—Días antes del asesinato en el terreno, gente del País Vasco ha sido vista por la zona del Cabo, haciendo preguntas por los bajos fondos. Me cuesta creer que no esté todo relacionado.
Mikel le sostuvo la mirada un segundo… y entonces preguntó:
—¿Me estás acusando de algo? —susurró.
—No —dijo Juana con rotundidad—. Te estoy preguntando, como persona clave en la empresa de Víctor, si tienes alguna información sobre el pasado que pueda justificar un asesinato.
—La respuesta es no —afirmó Mikel con seriedad—.
Desde que me volví de Almería desconecté de todo lo que tuviera que ver con Solar Dynamics.
No tengo relación con nadie de entonces, ni muchísimo menos sé nada de un asesinato.
Así que, si no tienes nada más, esta conversación ha dejado de ser cordial y por tanto ha terminado.
Mikel se levantó del sofá y se dirigió a la puerta. Juana hizo lo mismo.
—Gracias por tu ayuda; si se te ocurre o recuerdas algo más, no dudes en llamarme —dijo Juana—. Te he mandado un WhatsApp por si no tenías mi número. Siento las molestias.
—Espero que te vaya bien con la investigación —indicó Mikel mientras abría la puerta—. Un consejo: llama a Víctor, solo él tendrá las respuestas que buscas. Y siento que hayas venido hasta aquí para nada.
Juana volvió al hotel con una sensación extraña.
Deshizo el camino hecho a primera de la mañana, paso a paso.
Estaba segura de que Mikel se guardaba información.
Lamentablemente no podía hacer nada más, no tenía pruebas, ni medios.
Ni ella misma sabía realmente que había ido a hacer allí.
Solo un impulso, una intuición… mil kilómetros en busca de algo a lo que aferrarse.
Cargó sus cosas en el coche, y condujo de vuelta a Almería. Una mala sensación la envolvía durante el viaje: como si la siguieran; aceleraba, frenaba, pero no encontraba nada sospechoso. Aun así, la sensación no desaparecía. Defecto profesional se dijo a sí misma.
Después de no sabía cuántas horas sin parar, el coche le avisó que estaba en reserva. Se encontraba en un punto de la A-44, entre Jaén y Granada. Echó gasolina y movió el coche a la zona del bar. Necesitaba tomar algo o no sabía si sería capaz de llegar a casa.
Tras cenar un bocadillo y un refresco, volvió a su vehículo. Entró en el coche, arrancó y vio algo raro en el parabrisas.
Volvió a salir.
Alguien había enganchado un sobre sin remitente ni dirección. Estaba abierto. Sacó un folio de dentro. Había un mensaje impreso:
DEJA DE HACER PREGUNTAS SObrE EL ASESINATO DE RODALQUILAR O TENDREMOS QUE VISITAR A JULIA.