El secreto del Bósforo (Bósforo, Libro 1) Capítulo 23
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Capítulo 23

Emir pasó la mañana entera incapaz de concentrarse en nada que no fuera la tormenta de la noche anterior, el sabor de la lluvia en la boca de Lucía, la certeza física de haber tomado ya una decisión que su cuerpo entendía mejor que su cabeza.

Canceló dos reuniones sin explicar por qué.

Releyó el mismo párrafo de un contrato cinco veces sin retener una sola palabra.

A media tarde, incapaz de seguir fingiendo que el trabajo le interesaba más que lo que tenía que hacer, cruzó el pasillo hasta el despacho de Kerem sin avisar.

—Necesito que me digas cómo romper un compromiso sin que Cengiz Yalçın retire su capital al día siguiente —dijo, cerrando tras de sí la puerta, sin preámbulos, como llevaba haciendo todas las conversaciones importantes de su vida.

Kerem dejó el bolígrafo sobre la mesa, y por la expresión que puso — mitad alivio, mitad cautela profesional— Emir entendió que llevaba tiempo esperando esa frase.

—Ya era hora —dijo Kerem—. Llevo semanas viéndote arrastrar ese compromiso como si fuera una losa. ¿Qué ha cambiado?

—Lo sabes perfectamente.

—Quiero oírtelo decir a ti.

Emir se dejó caer en la silla frente a la mesa de su amigo, con un cansancio que no era solo físico.

—La quiero —dijo, y fue la primera vez que pronunciaba esa frase entera, incluso para sí mismo—.

A Lucía. Y cada día que sigo prometido con Defne es un día en que le demuestro exactamente lo que ella más teme: que voy a elegir la empresa por encima de ella, una y otra vez, hasta que deje de esperar que la elija a ella.

—¿Y la empresa?

—La empresa va a tener que sobrevivir a esto de otra manera. No pienso seguir usando mi vida como garantía de un préstamo.

Kerem asintió despacio, y sacó una carpeta que, Emir descubrió con una mezcla de sorpresa y gratitud, ya llevaba semanas preparada.

—He estado trabajando en un plan alternativo desde la semana pasada, por si acaso —dijo, con la media sonrisa de quien conoce a su amigo mejor que él mismo se conoce—.

Hay otros dos inversores interesados en entrar en la refinanciación textil sin exigir ningún tipo de…

alianza personal. El capital sería algo menor que el de Cengiz, pero suficiente si reestructuramos el calendario de pagos. Tu padre no va a estar contento.

—Mi padre nunca está contento con nada que no controle él.

—Eso —dijo Kerem, extendiéndole la carpeta— es exactamente lo que él también piensa de ti, por si te sirve de algo saberlo.

Emir hojeó los números en silencio durante un rato largo, sintiendo, por primera vez en semanas, algo parecido a la claridad: un plan concreto, un camino que no pasaba por sacrificar a nadie más para salvar a la empresa, y con él, la certeza de que por fin podía hacer lo correcto sin tener que elegir entre dos versiones distintas de traicionarse a sí mismo.

—¿Cuándo puedo hablar con Cengiz Yalçın?

—Mañana, si quieres. Cuanto antes lo hagas, menos tiempo tendrá Defne de seguir fingiendo por ti algo que, por lo que me has contado, tampoco quiere ella.

Emir levantó la vista, sorprendido.

—¿Cómo sabes eso?

—No lo sabía. —Kerem sonrió, satisfecho de su propia intuición—. Pero acabas de confirmármelo tú solo. Anda, vete a casa. Mañana vas a necesitar toda la energía que tengas para lo que se te viene encima.

Llamó a Baran antes de llegar al coche, incapaz de esperar hasta el día siguiente para decírselo a alguien más que a Kerem.

—Voy a romper el compromiso con Defne —dijo, sin ningún preámbulo, apenas su hermano contestó.

Hubo un silencio breve al otro lado de la línea, y después, con una voz que Emir no le había oído nunca a Baran, mitad orgullo mitad alivio:

—Por fin. Empezaba a pensar que ibas a dejar que baba te convenciera de que sacrificarte era lo mismo que quererlo bien.

—No es tan simple.

—Nunca lo es, contigo. —Baran suavizó el tono—. ¿Se lo has dicho ya a ella? A Lucía, quiero decir.

—Todavía no. Mañana, cuando esté hecho de verdad, no solo decidido.

—Bien. Hazlo bien, Emir. Esta es de las pocas decisiones de tu vida en las que no puedes permitirte otro veintidós años de silencio antes de decir lo que sientes.

Emir colgó con esas palabras todavía resonándole, y condujo hacia Nişantaşı con una determinación que no había sentido en años: la de un hombre que, por primera vez, sabía exactamente qué era lo que no estaba dispuesto a seguir posponiendo.