Capítulo 19 — La reconstrucción de la noche #2
Agnes recordó que sir Reginald había mandado desmontar el retrato unos meses antes, cuando ordenó reparar la galería.
Los trabajadores retiraron los cuadros, limpiaron los marcos y pintaron las paredes, pero ella no recordaba que hubieran encontrado nada detrás de aquella pintura.
Sir Reginald supervisó personalmente la restauración y exigió que el retrato de Eleanor Whitmore volviera a su sitio antes de Navidad.
Eleanor preguntó si Edmund Vale había estado presente durante las obras.
Agnes respondió que el abogado había visitado la casa dos veces en aquel periodo, aunque no podía precisar si había entrado en la galería.
La información no probaba su implicación, pero abría un intervalo de tiempo en el que alguien pudo descubrir la cavidad y retirar su contenido.
Eleanor pidió a Agnes que describiera con exactitud la caja que había visto su madre.
Era de madera oscura, con un cierre de latón y una pequeña estrella grabada en la tapa.
El interior estaba forrado con tela azul y tenía una división estrecha para guardar papeles doblados.
La descripción coincidía con la anotación del inventario, pero no con el volumen verde que aparecía en las fotografías.
La caja y el libro habían sido objetos distintos, separados deliberadamente por alguien que comprendía que, si permanecían juntos, podían revelar demasiado.
Quizá la caja contenía la escritura original o las cartas que demostraban quién había ordenado retirar el libro; quizá guardaba una llave o una relación de nombres.
Eleanor no podía saberlo, pero la distinción le permitió formular una hipótesis más precisa: si sir Reginald había encontrado el libro antes de Navidad, debía de haber localizado también el modo de interpretar las referencias del inventario.
La conversación fue interrumpida por Charles Whitmore, que apareció en la galería con el rostro pálido y una expresión de impaciencia.
Había pasado buena parte del día encerrado en su habitación, y Eleanor no lo había visto desde el interrogatorio de la mañana.
El heredero se detuvo al advertir el retrato separado de la pared y el cuaderno abierto entre las manos de Arthur.
Sus ojos se fijaron en la cavidad vacía y después en Agnes, que bajó la mirada.
Durante unos segundos nadie habló. Finalmente Charles preguntó qué estaban buscando y por qué habían desmontado el retrato de una antepasada a la que, según él, nadie había mencionado durante años.
—Estamos intentando averiguar qué ocurrió con unos documentos que desaparecieron en 1857 —respondió Eleanor—. Sir Reginald había empezado a investigarlos antes de morir. Si usted sabe algo sobre el libro o la caja, ahora sería el momento de decirlo.
Charles soltó una risa breve, sin humor.
—Mi padre me habló de una deuda que no era mía y de una herencia que quizá no me correspondía en su totalidad.
No me explicó los detalles. Me dijo que había descubierto algo vergonzoso sobre nuestra familia y que al día siguiente tomaría una decisión.
Pensé que quería desheredarme para castigarme por mis deudas.
Ahora empiezo a sospechar que pretendía modificar el reparto de la propiedad por un asunto que ocurrió mucho antes de que yo naciera.
Pero no sé dónde está el libro y no tengo ninguna razón para ocultarlo.
Eleanor le recordó la nota amenazadora que había encontrado bajo su puerta y el hecho de que hubiera quemado el papel.
Charles apretó la mandíbula. —Ya le expliqué que lo hice por miedo.
La nota mencionaba las deudas de mis antepasados y decía que los hijos siempre pagaban las deudas de sus padres.
Creí que alguien había descubierto mis obligaciones económicas y quería utilizar mis problemas para chantajearme.
No pensé que tuviera relación con una mujer muerta hacía treinta años.
Si hubiera sabido que mi padre pretendía reparar una injusticia, quizá habría discutido con él, pero no lo habría matado.
Arthur lo observó con una seriedad que no era hostil, aunque tampoco expresaba confianza. —¿Cuándo vio a su padre por última vez con vida?
Charles tardó unos segundos en responder.
—Después de la cena, cerca de las diez y media.
Discutimos en el corredor porque se negó a explicarme su decisión.
Me dijo que había llegado el momento de dejar de confundir el derecho a heredar con el derecho a conservar todo lo heredado.
Yo le respondí que no podía responsabilizarme de los errores de personas que ni siquiera había conocido.
Se marchó hacia el despacho y yo subí a mi habitación. No volví a verlo.
—¿Oyó a alguien entrar en el despacho después de usted? —preguntó Eleanor.
—Oí pasos en el corredor, pero no vi quién era.
Recuerdo que el reloj del vestíbulo dio las once cuando estaba subiendo la escalera.
Poco después escuché una puerta cerrarse en el ala norte.
No puedo asegurar que fuera la puerta del despacho.
En esta casa todas las puertas suenan de una manera parecida cuando se cierran con fuerza.
La declaración coincidía parcialmente con lo que Agnes había contado sobre la discusión de Nochebuena y con el testimonio de la cocinera, que había visto una sombra cerca del despacho alrededor de las once.
Sin embargo, Charles seguía sin poder identificar a la persona que había entrado.
Eleanor le preguntó si había visto a Edmund Vale aquella noche.
El heredero respondió que el abogado había estado en la biblioteca después de la cena, revisando unos documentos, y que más tarde lo había visto en el corredor que conducía al despacho de su padre.
No sabía qué hora era ni cuánto tiempo había permanecido allí.
Su respuesta reforzaba una sospecha, pero también podía reflejar la actividad habitual de un abogado encargado de los asuntos de la familia.
Cuando Charles se marchó, Arthur cerró el panel del retrato y ayudó a colocar el cuadro en su posición original.
Eleanor regresó a la biblioteca con el cuaderno de inventario y pidió que nadie entrara en la sala de música ni en la galería hasta que hubieran terminado de revisar los documentos.
Ya no bastaba con reunir pistas del pasado; debían reconstruir la noche del asesinato y establecer quién había tenido oportunidad de actuar.
Sobre una hoja en blanco escribió las horas aproximadas que habían aparecido en los testimonios: la cena, la discusión entre sir Reginald y Charles, la presencia de Edmund en la biblioteca, la sombra junto al despacho, los pasos en el ala norte y el momento en que se descubrió el cadáver.
Las horas no encajaban del todo, pero eso podía deberse a la memoria de los testigos o a que alguien había manipulado deliberadamente el reloj del despacho.
Arthur se sentó frente a ella y examinó la lista.
—Tenemos que distinguir entre la hora en que alguien vio a sir Reginald por última vez y la hora en que murió.
Si el reloj fue alterado, el responsable quería que aceptáramos una cronología determinada.
Quizá necesitaba que pareciera que nadie pudo entrar en el despacho después de cierta hora, o que el cuerpo llevaba más tiempo allí del que realmente llevaba.
El problema es que todavía no sabemos cuál de esas dos cosas pretendía conseguir.
Eleanor recordó el vaso de oporto intacto, la carta parcialmente quemada y la puerta cerrada.
El despacho parecía haber sido dispuesto para ofrecer una explicación sencilla: sir Reginald se había retirado, había leído una carta y había muerto sentado en su sillón.
Sin embargo, la ausencia de desorden podía ser tan engañosa como el desorden deliberado.
Alguien que conociera bien la habitación habría podido colocar los objetos para que parecieran naturales, cerrar la puerta y salir por un acceso que los demás ignoraban.
La habitación oculta del ala norte demostraba que existían pasajes y puertas que no figuraban en los planos corrientes de la casa, y la marca de polvo junto al armario de la sala de música sugería que alguien había estado buscando una salida o un escondite.
—La puerta del despacho estaba cerrada por dentro —dijo Eleanor—, pero si existía un paso oculto, la cerradura no demostraría que sir Reginald estaba solo.
Tenemos que comprobar si el despacho se comunica con otra habitación o con el corredor del ala norte.
El pasaje que encontramos detrás de los muebles podría extenderse más de lo que imaginamos.
Arthur se levantó y fue hasta la estantería donde se guardaban los planos antiguos de la finca.
Tras varios minutos de búsqueda encontró un dibujo arquitectónico fechado en 1842, anterior a las reformas que se habían realizado en el ala norte.
El plano mostraba una pequeña habitación detrás del despacho de sir Reginald, comunicada por una puerta estrecha con un corredor de servicio.
En las versiones posteriores, aquella habitación había desaparecido, sustituida por una pared continua.
Eleanor comparó el dibujo con el plano actual y comprobó que la distancia entre el despacho y la habitación oculta coincidía con la que habían medido junto al retrato.
Si la puerta antigua seguía existiendo detrás de un panel, alguien podría haber entrado o salido del despacho sin utilizar la puerta principal.