Capítulo 8 — Las huellas junto al invernadero #4
Eleanor dejó la libreta sobre la mesa y le indicó que entrara. Mary miró hacia el corredor antes de cerrar la puerta y bajó la voz.
—¿Ha estado usted en el invernadero esta mañana?
—Sí. ¿Por qué lo pregunta?
La joven apretó la bandeja contra el cuerpo.
—Porque he visto a alguien salir de allí antes de que usted bajara a desayunar. No era el jardinero. Llevaba un abrigo oscuro y algo bajo el brazo, como un libro envuelto en una tela. Iba hacia la caseta de herramientas, pero cuando oyó pasos se detuvo y volvió sobre sus huellas.
Eleanor sintió que la inquietud que había intentado contener durante toda la tarde adquiría una forma mucho más concreta.
Le preguntó a Mary a qué hora había visto a aquella persona y si había podido reconocerla.
La muchacha respondió que serían aproximadamente las siete y media, cuando había salido al corredor para llevar agua caliente a una de las habitaciones.
No había visto el rostro, porque la figura llevaba el cuello del abrigo levantado y un sombrero que le ocultaba parte de la cara.
Sin embargo, estaba segura de que no era el jardinero, pues aquella persona caminaba con una ligera cojera y llevaba botas de suela gruesa.
Mary añadió que no había contado lo sucedido a Agnes porque la mujer le había ordenado que no saliera de la zona de servicio mientras durara la tormenta.
Había pensado que lo mejor era guardar silencio, pero, después de enterarse de la muerte de Sir Reginald, empezó a temer que aquella presencia pudiera tener alguna importancia.
—¿Vio si la persona llevaba una llave? —preguntó Eleanor.
Mary negó con la cabeza.
—No lo sé. Pero cuando llegó a la caseta, se agachó junto al candado y pareció hacer algo con las manos. Después miró hacia la casa y se marchó por el sendero que conduce al bosque.
Eleanor se levantó y se acercó a la ventana, aunque las cortinas estaban cerradas y no podía ver el jardín.
La información de Mary no demostraba que aquella persona hubiera entrado en la caseta ni que el objeto que llevaba fuera un libro.
Pero sí confirmaba que alguien había recorrido el trayecto entre el invernadero y la construcción de piedra durante la mañana, antes de que se descubriera el cuerpo de Sir Reginald.
La cojera y las botas de suela gruesa podían ayudar a identificar a la figura, siempre que alguien hubiera observado características semejantes en alguno de los habitantes de la mansión.
Eleanor volvió hacia Mary y le pidió que no hablara de lo ocurrido con nadie más hasta que pudieran informar a Arthur y al agente local.
La muchacha asintió, aunque parecía aliviada de haber compartido por fin lo que había visto.
Cuando Mary salió, Eleanor permaneció de pie junto a la ventana, con la libreta abierta sobre la mesa y la sensación de que el misterio acababa de avanzar un paso decisivo.
Alguien había salido del invernadero a primera hora de la mañana llevando un objeto envuelto en tela, se había acercado a la caseta de herramientas y después había desaparecido hacia el bosque.
La misma persona podía haber dejado las huellas que ella y Arthur habían examinado, aunque todavía no sabía si se trataba del mensajero, de un criado o de uno de los invitados.
La nieve había borrado parte de las marcas, pero no todas; el candado conservaba una señal reciente y el fragmento de papel seguía en el suelo del cuarto de almacenaje.
Cuando llegaran las autoridades, quizá pudieran reconstruir los movimientos de aquella figura con mayor precisión.
Hasta entonces, Eleanor solo podía guardar cada detalle en su memoria y resistir la tentación de precipitarse hacia una conclusión.
Antes de apagar la lámpara, abrió la libreta por la página dedicada a la muerte de Sir Reginald y escribió una última observación: Alguien salió del invernadero hacia las siete y media con un objeto envuelto en tela.
Llevaba botas gruesas y caminaba con una ligera cojera .
Se dirigió a la caseta de herramientas y después desapareció hacia el bosque .
Releyó la frase y añadió debajo una pregunta que no conseguía apartar de su pensamiento: ¿Qué necesitaba ocultar antes de que Sir Reginald anunciara su decisión?
No sabía si el objeto era el libro desaparecido, un documento familiar o algo completamente distinto.
Tampoco sabía si la persona había tenido alguna relación con la muerte del dueño de la mansión.
Pero, por primera vez desde que había encontrado la ficha de 1857, tenía la impresión de que alguien estaba actuando en el presente para proteger un secreto del pasado.
Y mientras la nieve continuaba cayendo sobre los jardines de Whitmore Manor, borrando las huellas de quienes se habían atrevido a salir al exterior, Eleanor comprendió que la casa no estaba tan aislada como todos creían: había alguien moviéndose entre sus sombras, y esa persona no deseaba ser vista.