El secreto de Statenville (Cal Murphy 1) Capítulo 66
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Capítulo 66

Capítulo Sesenta Y Seis

DE REGRESO A SALT Lake City en un todoterreno oficial, Cal por fin se sentía a salvo.

Kelly también. La aventura que habían vivido juntos durante los últimos tres días parecía irreal, algo que ninguno de los dos habría esperado mientras vivía en Statenville.

Pero no se trataba de correr aventuras por el mero placer de hacerlo: se trataba de sacar la verdad a la luz y hacer justicia. Era un trabajo duro, pero gratificante.

Sin embargo, aún quedaba una pregunta: ¿podrían Cal y Kelly preparar un reportaje con fotografías y vídeos que llegara a publicarse?

Una historia de semejante calado y magnitud merecía un escaparate mucho mayor que The Register .

Por otra parte, ni Cal ni Kelly sabían si todavía trabajaban allí.

Tampoco es que pudieran plantearse seriamente trabajar en un pueblo donde su investigación había arruinado de forma directa o indirecta el sustento de casi todo el mundo.

Cal sentía la presión de estar a la altura.

Tras informar a los responsables del FBI en la oficina de Salt Lake City, Cal les suplicó que esperaran hasta la mañana para anunciar la muerte de Carmen Deangelo y el desmantelamiento de Cloverdale Industries.

Cal explicó que su artículo solo demonizaría a Mercer, no a Walker.

Tras unos minutos regateando los detalles, el FBI cedió, teniendo en cuenta que Cal había arriesgado la vida.

Era lo menos que podían hacer para agradecérselo.

Aun así, Cal estaba exultante, entusiasmado por el reto que lo aguardaba durante las horas siguientes. Él y Kelly cogieron un taxi hasta la redacción de The Tribune y pusieron a Youngman al corriente de lo sucedido. Eran las seis y media de la tarde.

—Bien, tiene dos horas para escribirnos una exclusiva bien documentada —dijo Youngman.

—Hecho, salvo por lo de la exclusiva. Seattle también va a recibir el artículo —dijo Cal.

—¿Alguien más? —preguntó Youngman.

—De momento, no.

—Procuremos que siga así. Pídale a mi ayudante que le busque un puesto de trabajo. Y dígale a Kelly que se reúna con el jefe de fotografía —gritó Youngman mientras salía del despacho.

El artículo de Cal, que apareció al día siguiente en dos periódicos, decía así:

Por Calvin J. Murphy

Para The Tribune

STATENVILLE, Idaho. El FBI confirmó el miércoles la muerte del veterano mafioso de Boston Carmen Deangelo, que se precipitó al vacío en el cañón de Cold River después de asesinar a un agente del FBI.

Deangelo, que vivía bajo la identidad falsa de Nathan Gold, casi había desaparecido antes de mudarse a Statenville en 1996. Según el FBI, Gold se labró una reputación como miembro respetable de la comunidad antes de presentarse a alcalde hace ocho años.

Pero Deangelo no estaba dejando atrás su vida delictiva: estaba construyendo una nueva.

En 2001, dos años antes de que Deangelo fuera elegido alcalde de Statenville, fundó Cloverdale Industries, una empresa de marketing multinivel en rápido crecimiento que vendía principalmente vitaminas y productos para la salud.

Cuando Gold asumió la alcaldía en 2003, el FBI sostiene que ya tenía todo preparado para crear una extensa red de distribución de metanfetamina cristalizada en el noroeste del país.

—La muerte de Carmen Deangelo supone una gran victoria en la guerra del FBI contra las drogas —declaró en un comunicado de prensa emitido el miércoles Skip Donnelly, director de la oficina del FBI en Salt Lake City—.

Siempre que podemos tachar un nombre de la lista de los más buscados por el FBI, el pueblo estadounidense sale ganando.

La eliminación de Carmen Deangelo de esa lista en concreto constituye una victoria mayor de lo que nadie podría haber imaginado.

El FBI afirma que Deangelo fue el artífice de una vasta operación de narcotráfico que se extendía por el norte hasta Vancouver, Canadá, y por el este hasta Denver.

Deangelo se mantuvo fuera del radar del FBI durante casi quince años.

Entonces, en 2005, el FBI recibió un aviso de que Deangelo podía haber retomado sus actividades delictivas, después de que apareciera en Portland el cadáver de un conocido narcotraficante con la marca característica de Deangelo: una moneda de oro del siglo XIX introducida en la boca de la víctima.

Era la misma firma que Deangelo utilizó en la mayoría de los asesinatos que presuntamente cometió en Boston.

El FBI envió a dos agentes a Statenville para que se infiltraran y reunieran pruebas contra Deangelo y su empresa, Cloverdale Industries.

El plan empezó a torcerse el domingo por la noche, cuando la primera de tres estrellas del equipo de fútbol americano del instituto apareció muerta en un escenario espeluznante.

Las muertes conmocionaron a la tranquila localidad del sureste de Idaho.

A los residentes se les dijo que los tres estudiantes y deportistas habían muerto por sobredosis de metanfetamina, pero las fuerzas del orden locales presionaron a la oficina del forense para que publicara informes falsificados.

Sin embargo, el martes, un examen independiente de las pruebas realizado por el FBI determinó que la causa de las muertes habían sido los marcadores con los que se había adulterado la metanfetamina, no la droga en sí.

Los marcadores debían provocar síntomas que parecieran corresponder a la aparición repentina de una enfermedad rara, lo que alertaría al Centro para el Control de Enfermedades y, posteriormente, al FBI.

Pero, según el FBI, nunca se pretendió que el marcador fuera mortal.

La sustancia química era un marcador que los agentes infiltrados del FBI debían introducir en partidas aleatorias de droga para rastrear hasta dónde se extendía la red de la operación.

Sin embargo, un agente corrupto del FBI saboteó esos esfuerzos al modificar el aditivo para que tuviera efectos mortales: hacía que la bilis hepática pasara con rapidez al torrente sanguíneo, lo que provocaba un picor incontrolable bajo la piel.

Bajo los efectos de la metanfetamina, las tres víctimas se arañaron hasta morir.

Una de ellas resultó ser Riley Gold, hijo de Deangelo.

Aun así, Gold y las fuerzas del orden locales no querían atraer una atención no deseada sobre Statenville y optaron por descartar las muertes como una coincidencia.

Pero el caso alcanzó su punto álgido el miércoles, cuando el FBI tuvo la oportunidad de arrancarle una confesión a Deangelo durante una operación encubierta.

Sin embargo, Deangelo decidió quitarse la vida precipitándose al cañón de Cold River, en la zona sur del espacio natural de Idaho, en lugar de hacer frente a las acusaciones.

Instantes antes, Deangelo había matado al agente del FBI Elliott Mercer, al que hirió de dos disparos antes de empujarlo desde un acantilado y arrojarlo al cañón.

Deangelo era sospechoso de asesinar a más de una docena de personas mientras vivía en Boston y ejercía de capitán para la familia Scarelli.

El FBI también ha tomado el control de Cloverdale Industries y ha paralizado sus operaciones hasta que concluya la investigación de la supuesta planta de producción de drogas.

El trabajo periodístico de Cal entusiasmó a Youngman, que añadió los detalles sobre la relación del caso con Salt Lake City: las drogas llegaban a la ciudad desde Cloverdale Industries. El periódico de Seattle hizo lo mismo.

El resultado fue una fascinante noticia de apertura en la portada de ambas ciudades, reforzada además por el impactante trabajo fotoperiodístico de Kelly, que plasmaba imágenes de las personas y los lugares implicados.

—Es un trabajo excepcional por parte de los dos —les dijo Youngman a los dos exempleados de Register —. Me encantaría ofreceros trabajo a ambos, si os interesa.

Los dos prometieron a Youngman que se lo pensarían, pero en aquel momento estaban sufriendo el bajón de adrenalina tras los últimos tres días.

El FBI asignó protección a Cal y a Kelly y los alojó aquella noche en casas seguras distintas.

Los agentes les dijeron que no era más que una medida de precaución y añadieron que probablemente no tenían nada de qué preocuparse.

Pero la presencia del equipo de seguridad ayudó tanto a Cal como a Kelly a dormir bien aquella noche.

Lo necesitaban: el jueves por la mañana los aguardaba un incómodo reencuentro con Statenville.