Capítulo 56
Capítulo Cincuenta Y Seis
¡VAMOS! ¡COGE el teléfono, Cal!
Mercer sentía que las paredes se derrumbaban a su alrededor.
Todo lo que Walker y él habían descubierto para construir su caso contra el alcalde Gold y Cloverdale Industries se estaba desvaneciendo.
Con Walker y su temeridad fuera de juego para siempre, Mercer sabía cómo quería que se escribiera la historia.
Él sería el héroe, y el FBI quedaría libre de culpa.
Al fin y al cabo, solo estaban protegiendo a la población por el bien común.
Pero a Mercer se le escapaba la posibilidad de presentar la historia a su manera. Tenía que saber qué conocían Cal y Kelly. Si al menos consiguiera ponerse en contacto con ellos.
Mientras Yukon aceleraba por la carretera, Cal tuvo la impresión de que el ansioso conductor estaba decidido a hacerle saltar todos los dientes durante los treinta minutos que le quedaban de vida.
Aquello reforzó aún más su determinación.
Empezó a serrar las cuerdas de Kelly con la precisión de un cirujano cardiovascular.
Pese a que el reloj corría, Cal sabía que no era el momento de tomar atajos ni de hacerle cortes profundos en la carne.
Tenía que liberar a Kelly para que ella pudiera devolverle el favor, y había que hacer bien el trabajo.
Aunque cada segundo parecía durar horas, Cal logró cortar las ligaduras de Kelly en unos dos minutos. Ella se quitó la mordaza de la boca antes de retirar la de Cal.
—Date la vuelta para que pueda soltarte los pies —le dijo Cal a Kelly, gritando por encima del viento y del batir de la lona.
Kelly no vaciló en obedecer. Pese a haberse quitado la mordaza, no dijo una palabra. Estaba concentrada y temblaba.
Quince segundos después, Cal serraba la cuerda que rodeaba los pies de Kelly. Aunque tenía las manos atadas, pensó que podría liberarla más deprisa y que, si el trayecto terminaba de forma abrupta, al menos uno de los dos podría escapar para contar lo que estaba ocurriendo en Statenville.
Cal prefería que escaparan juntos. Eludir el peligro provocaba una descarga de adrenalina, pero la posibilidad de vivir una aventura con Kelly parecía acrecentar aún más su entusiasmo.
Podía convertirse en una partida del escondite con mucho en juego, pero a Cal le gustaban sus posibilidades si contaba con Kelly para enfrentarse al formidable Yukon, aunque solo lo fuera por su corpulencia.
Cal liberó los pies de Kelly en unos noventa segundos. Estaba aprendiendo con rapidez a manejar una navaja en situaciones de máxima presión y con las manos atadas. Nunca lo había hecho. Pero ahora daba igual. Kelly estaba libre.
—Empieza por mis pies —le gritó Cal a Kelly, que comenzó a cortar sus cuerdas.
Como Cal solo podía hacer conjeturas sobre su destino, si se equivocaba quería al menos tener la posibilidad de echar a correr.
Tener las manos libres y los pies atados solo le permitiría propinar unos cuantos golpes de despedida antes de que Yukon lo redujera y lo llevara a la tumba.
¿Tener los pies libres? Eso al menos le daba una oportunidad.
Kelly casi había terminado de soltarle los pies cuando la camioneta viró bruscamente noventa grados hacia la derecha.
Kelly se deslizó hacia ese lado, igual que Cal, cuyo hombro evitó que se golpeara la cabeza contra el lateral de la caja.
El zumbido constante de los cuatro neumáticos todoterreno sobre el asfalto dio paso al crujido de la tierra.
Cal pensó que había acertado en su suposición sobre el destino: el cañón de Cold River.
Según sus cálculos aproximados, Kelly también disponía de unos cinco minutos para liberarlo por completo antes de que entraran en las estribaciones.
Una vez allí, el laberinto interminable de colinas y valles les plantearía un desafío abrumador si querían escapar con vida antes de que un grupo de búsqueda a gran escala les diera caza.
Kelly siguió cortando hasta liberar las piernas de Cal. Después se puso manos a la obra con sus muñecas.
—Kelly, sigue cortando, pero escúchame —dijo Cal—. Tenemos que echar a correr en cuanto esta camioneta reduzca la velocidad. Probablemente solo queda un sitio donde vaya a frenar un poco y eso nos dará la oportunidad de saltar y salir corriendo, ¿vale? Así que limítate a seguirme.
Kelly asintió, demasiado concentrada para malgastar energía diciendo nada.
Ella también había aprendido enseguida a acelerar el proceso sin dejar de hacer cortes limpios. En dos minutos había liberado a Cal.
Justo cuando terminó de soltarlo, la camioneta redujo la velocidad hasta detenerse, pero mucho antes de lo previsto por Cal. Según sus cálculos, todavía faltaban al menos tres minutos para el último desvío hacia la carretera de Cold River Canyon.
¿Dónde estamos? ¿Y por qué nos detenemos?