Capítulo 47
Capítulo Cuarenta Y Siete
KELLY CONTEMPLÓ LAS fórmulas que la rodeaban en las paredes del laboratorio de investigación y prisión ocasional de Walker. Fotografió cada una con su iPhone y las envió por correo electrónico a su cuenta personal.
—¿Qué es? —exigió saber Cal, cada vez más impaciente ante la críptica respuesta y el comportamiento de Kelly.
—Creo que Walker estaba manipulando metanfetamina cristalizada añadiéndole unas sustancias químicas interesantes.
—¿Sustancias capaces de matar a alguien? —preguntó Guy, tratando de seguir la conversación.
—No lo parece, pero la química es caprichosa. Si añadió demasiada cantidad de algo, podría haber provocado una reacción distinta de la que esperaba.
—¿Como rascarse hasta morir? —preguntó Cal.
—Tal vez. Necesito estudiar esto un poco más para averiguar qué intentaba hacer exactamente y consultar algunos efectos secundarios de esas sustancias. Pero esa es mi hipótesis de trabajo.
—¿Rascarse hasta morir? ¿De qué estás hablando, Kelly? —Guy había renunciado a toda idea de preservar su propia seguridad. No podía resistirse a una noticia de peso que incluyera asesinatos y encubrimientos gubernamentales. Guy estaba completamente entregado.
—Cal, enséñale esas fotos.
Cal abrió la serie de fotografías que había sacado en el depósito de cadáveres, revelando la espantosa naturaleza de la muerte de los adolescentes.
—Dios mío... —La voz de Guy se apagó. —Nunca había visto nada parecido.
—Si Walker adulteró parte de la metanfetamina de Cloverdale con alguna sustancia química, esas muertes no fueron accidentales —dijo Kelly.
—Son acusaciones muy graves, Kelly —intervino Guy, ya plenamente implicado y contemplando la situación con mirada de editor—. Si vas a formularlas, necesitas pruebas sólidas. Pero, antes de eso, tienes que preguntarte por qué iba a hacer algo así.
—Buena pregunta. Dejaré que Cal responda —dijo Kelly, percibiendo el repentino interés de Guy por contar aquella historia—.
Mientras tanto, tenemos que averiguar qué estaba añadiendo Walker a la droga en Cloverdale.
Debemos impedir que más droga adulterada entre en la red de distribución, por disparatado que parezca.
—No podemos hacer nada respecto al cargamento de hoy, pero quizá podamos detener el de mañana si avisamos a las personas adecuadas —dijo Cal.
—Tengo un contacto en el laboratorio forense de la oficina del FBI de Salt Lake City.
Me debe un favor. Si os dais prisa, podéis llegar en unas dos horas.
Os mandaré un mensaje con los detalles del lugar donde debéis reuniros con él.
Yo me quedaré aquí e intentaré averiguar por qué Buddy Walker adulteraba la droga en Cloverdale.
—Parece un buen plan, jefe.
Todos se dirigieron hacia la salida, ansiosos por seguir investigando y nerviosos ante la remota posibilidad de que Dawkins apareciera por el granero en cualquier momento.
—Ah, y Cal, llévate mi Yamaha VMAX —dijo Guy mientras le lanzaba la llave—. Está aparcada en la carretera que bordea la propiedad. Esa moto llama mucho menos la atención que el deportivo rojo de Kelly.
El crepúsculo empezaba a caer sobre el sudeste de Idaho. A los tres miembros más entregados de la redacción de The Register les aguardaba una larga noche, sin saber que sería la última que pasarían como empleados del periódico.