Capítulo 43
Capítulo Cuarenta Y Tres
DAWKINS SE CANSÓ DE esperar. Sabía que Warren podía hacer alguna estupidez si la tensión seguía aumentando. Justo cuando decidió que iba a sacar el ariete del coche y obligar a Cal y Kelly a salir de la casa, Dawkins oyó unos gritos amortiguados. Parecía que había alguien dentro.
Dawkins corrió hacia el coche patrulla y abrió el maletero para sacar el ariete. Gritó a Warren que se reuniera con él delante. Warren apareció a toda prisa por el lateral de la casa.
—¿Qué pasa, Dawkins? ¿Qué ocurre?
—He oído gritos procedentes de la casa, así que puede que quien esté ahí dentro no se encuentre allí por voluntad propia. Tendremos que derribar la puerta y averiguar qué está pasando. ¿Estás preparado?
—¿Qué quieres que haga?
—Quédate aquí atrás y cúbreme mientras derribo la puerta. Luego sígueme dentro y prepárate para cualquier cosa. ¿Entendido?
—Sí. Vamos allá.
—De acuerdo. Apártate.
Dawkins necesitó tres golpes contundentes con el ariete para derribar la puerta.
Lo soltó y entró corriendo en la casa mientras desenfundaba el arma por si encontraba una fuerte resistencia.
Warren lo siguió. Manejaba la pistola como si aquella fuera la primera situación potencialmente violenta a la que se enfrentaba desde que se había convertido en agente, porque lo era.
Los gritos amortiguados no habían cesado desde que Dawkins los oyó por primera vez.
Durante dos minutos seguidos había escuchado lo que parecían súplicas de auxilio.
Dawkins y Warren recorrieron a toda prisa el pasillo del lado izquierdo de la casa, buscando alguna habitación de donde pudieran proceder las voces.
Sin suerte. Después registraron el lado derecho. Allí tampoco había nada.
Warren se quedó inmóvil y bajó la mirada.
—Creo que vienen del sótano.
Dawkins asintió.
—Buen trabajo, novato.
Dawkins localizó la puerta de las escaleras y encendió la luz. Los gritos continuaron mientras bajaban corriendo. Cada vez sonaban más fuertes.
El sótano estaba sin terminar. La instalación de iluminación apenas se había iniciado, al igual que algunas paredes. En ciertas zonas ni siquiera había suelo de cemento y era la propia tierra la que cumplía esa función.
Mientras Dawkins y Warren avanzaban sigilosamente por el espacio vacío, localizaron una única puerta en el rincón del fondo. Los gritos procedían de allí.
Dawkins pegó el hombro a la pared, justo al lado de la puerta. Miró a Warren, que había tomado posiciones enfrente, al otro lado del marco.
—¿Preparado? —susurró Dawkins.
—Vamos allá.
Dawkins abrió la puerta de golpe.
Cal y Kelly sufrían pensando en la identidad de su posible salvador. La persona que estaba a punto de cruzar aquella puerta podía ser amiga o enemiga. Pero, en cualquier caso, su situación estaba a punto de cambiar.
No dejaron de pedir auxilio a gritos, ni siquiera con los labios sellados.
Por fin, una luz atravesó la oscuridad de la habitación y permitió que Cal se hiciera una idea más precisa de su situación.
Hasta ese momento, solo sabía que estaba atado a una silla sobre un suelo de tierra y que Kelly se encontraba detrás de él.
Pero ¿las dimensiones del cuarto o qué otros objetos había en él?
Cal ignoraba por completo la verdadera naturaleza de su entorno.
A pesar de su intenso deseo de levantarse de la silla, la ansiedad de Cal aumentaba con cada segundo que pasaba. ¿Y si su salvador no era en realidad un salvador? ¿Y si era más bien un verdugo? Se encogió cuando se abrió la puerta.