Capítulo 41
Capítulo Cuarenta Y Uno
CUANDO EL COCHE DE WALKER SE DETUVO, Cal empezó a albergar un mal presentimiento acerca del chófer de su huida.
Walker se había mostrado demasiado dispuesto a ayudarlos cuando una respuesta más racional habría sido informar a su superior de su paradero.
Y quizá lo hubiera hecho. En ese momento, Cal tuvo la sensación de haber caído en una trampa.
Antes de que pudiera seguir preguntándose si su encuentro con Walker había sido providencial o preparado, las dos puertas traseras se abrieron de golpe al mismo tiempo.
Cal oyó a Kelly forcejear y gritarle a quien la estaba sacando del coche.
Cal, más preocupado por el bienestar de Kelly, también protestó.
Sin embargo, aún no le habían quitado del todo la manta de la cabeza cuando notó que Walker le clavaba una aguja en el cuello.
Cal se desplomó en el suelo.
Walker y su colega arrastraron a Cal y Kelly hasta la misma habitación donde habían retenido a Cal menos de veinticuatro horas antes. Esta vez necesitaban otra silla.
—Será mejor que te des prisa —dijo el otro hombre—. No tienes mucho tiempo.
Walker no dijo nada. Se limitó a seguir atando los cuerpos inertes de Cal y Kelly a las sillas, colocadas respaldo contra respaldo. No había necesidad de correr riesgos sentándolos uno al lado del otro. El colega de Walker les selló la boca con cinta americana.
Walker se quedó en el umbral y sonrió ante su buena fortuna: el molesto periodista que se había negado a hacer caso de sus advertencias y su compañera eran ahora sus huéspedes temporales.
Observó el polvo removido suspendido en el aire antes de apagar la luz.
Más adelante le perdonarían sus bruscos modales.
Lo entenderían. Todo el mundo entendía la importancia de proteger el bien común. Incluso los periodistas entrometidos.
Guy rebuscaba las llaves del coche en el maletín cuando el sheriff Jones irrumpió a toda velocidad en el aparcamiento de The Register y aparcó atravesado detrás de él. Ahora Guy no tenía forma de sacar de su plaza su Cadillac CTS Coupé blanco de 2009.
Jones se tomó su tiempo para bajar del coche. No parecía tener prisa. Guy sí.
—Hola, sheriff. ¿A qué viene esto?
—Bueno, creía que podía decírmelo usted, Guy.
—¿Perdone?
—¿Adónde va con tanta prisa?
—Creo que yo le he hecho una pregunta primero.
—¿Se está poniendo chulo conmigo, señor periodista?
—No. Solo quiero saber por qué ha entrado volando en el aparcamiento para bloquearme el coche.
—Tiene roto un piloto trasero y no quería que lo multaran.
—¿Un piloto trasero roto? —Guy empezó a rodear el coche para comprobar la afirmación de Jones. No vio nada que pareciera un piloto arañado y mucho menos roto—. ¿De qué está hablando?
—Hablo de este.
Dicho eso, Jones echó el pie hacia atrás y golpeó el piloto trasero izquierdo con el tacón de la bota, haciendo que el plástico se agrietara y se astillara.
—Será mejor que tenga cuidado y no salga a la carretera con el piloto roto de esa manera.
Guy no podía creer lo que acababa de presenciar. Había oído comentar a algunos vecinos que Jones podía ser despiadado. Una cosa era oír hablar de ello y otra muy distinta presenciarlo. Guy nunca había imaginado que Jones abusaría de su autoridad hasta tal extremo.
—Yo que usted, mandaría arreglarlo —dijo Jones mientras le extendía a Guy un aviso por llevar roto el piloto trasero.
Guy empezó a protestar.
—¿Quién se cree que...?
—No, no, no, Guy. Usted sabe quién soy y sabe quién creo que soy, y ambos son la misma persona.
Soy el mismo que puede llevarlo a la cárcel por conducir con un piloto trasero roto.
Así que le sugiero que vaya a ver a Carson, el de la tienda de recambios, y consiga uno nuevo antes de volver a la carretera y obligarme a detenerlo.
—¿A la cárcel ? ¿Por un piloto trasero roto?
—Yo no hago las leyes, Guy. Solo las hago cumplir.
Jones volvió a subir al coche y bajó la ventanilla del conductor para lanzar una última andanada.
—Lo estaré vigilando, Guy.
Guy miró el aviso que sostenía mientras Jones se alejaba. Ya no podía hacer nada por ayudar a Cal y Kelly, salvo ir andando hasta la tienda de recambios y comprar un piloto trasero nuevo.
Guy tecleó a toda prisa un breve mensaje explicando el motivo de su retraso y echó a andar hacia Hal’s Auto Parts Store, una manzana más abajo de The Register . Sabía que, a la hora de ayudar a Cal, el tiempo era el bien más preciado, pero Jones acababa de reducir sus reservas.