Capítulo 37
Capítulo Treinta Y Siete
SOLO FALTABAN NOVENTA MINUTOS PARA que The Register entrara en rotativas. Guy caminaba de un lado a otro de su reducido despacho mientras intentaba asimilar las noticias que Mindy acababa de darle.
Ella había regresado a la oficina veinte minutos antes y le había ofrecido un informe completo.
Era tan minucioso y estaba tan lleno de detalles que Guy se preguntó si le interesaría trabajar como reportera.
Al fin y al cabo, pronto iba a quedar una vacante.
El trabajo que había realizado recabando información en el piso de Cal estaba tres categorías salariales por encima de preparar café.
Cuando Mindy llegó al piso de Cal, encontró el coche de Kelly en el aparcamiento con dos ventanillas laterales destrozadas. Había cristales rotos esparcidos por las plazas vacías contiguas.
La puerta principal de Cal estaba abierta de par en par. La madera alrededor del picaporte se había astillado en varias direcciones. Incluso la puerta trasera estaba abierta. ¿Y entre ambas? El caos.
Libros, periódicos y revistas desparramados por el suelo. Sillas volcadas. Un televisor destrozado, probablemente como gesto final de buena voluntad. Los armarios estaban abiertos. La vajilla rota cubría el suelo de la cocina.
—¿Cal? ¿Kelly? ¿Estáis aquí? —llamó Mindy con timidez, esperando no oír ningún sonido mientras avanzaba entre los destrozos. No oyó nada.
Se aventuró escaleras arriba y encontró más de lo mismo.
Era como si el piso de soltero de Cal hubiera contraído un virus estomacal y hubiese vomitado.
Al menos, esperaba que el estado de la primera planta fuera obra de los intrusos y no un indicio de lo desastroso que era Cal con las tareas domésticas.
Después de registrar la casa para asegurarse de que no había ninguna pista sobre adónde podían haber ido Cal y Kelly, no encontró nada que tuviera demasiado sentido.
Solo la puerta abierta de un cobertizo y lo que parecían huellas recientes de una motocicleta negra en el patio vecino.
Pero nada vinculaba ambas cosas de manera concluyente.
Guy se sentía impotente. Quería ayudar a sus periodistas, pero no tenía ni idea de qué hacer.
Los agentes del sheriff no iban a ofrecerle ayuda, desde luego.
Y, a esas alturas, por lo que Guy sabía, podían haber sido ellos quienes les hubieran hecho aquello a Cal y Kelly.
Pero no tenía ni idea de por dónde empezar.
Lo mejor que podía hacer era quedarse en el despacho y sacar la edición de aquella semana de The Register .
Si perdía el trabajo, quizá también perdiera su credibilidad.
Probablemente lo tacharían de empleado resentido que trataba de vengarse de su empresa.
Y eso haría mucho más difícil encontrar un medio que publicara el reportaje de Cal.
Así que se sentó a su mesa y siguió corrigiendo. Y rezó.