El secreto de Statenville (Cal Murphy 1) Capítulo 36
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Capítulo 36

Capítulo Treinta Y Seis

KELLY SE ACERCÓ POCO A POCO A Cal, con el doble propósito de apaciguar su terror y ejercer presión sobre la herida. Cal la atrajo aún más hacia sí.

—Vamos a salir de esta, Kelly, pero tienes que mantener la calma. Si estos tipos nos oyen, estamos acabados.

Kelly sorbió por la nariz en silencio mientras asentía. Ambos sabían lo que estaba en juego, y era mucho más que ganar algún premio periodístico, algo que parecía bastante trivial teniendo en cuenta lo mucho que habían subido las apuestas.

Durante más de treinta minutos, Cal y Kelly permanecieron inmóviles mientras el almacén zumbaba con los sonidos de la actividad comercial habitual.

Cada ruido de pisadas que se acercaban y alejaban los sumía en una montaña rusa emocional.

¿Sería aquel el momento en que alguien los descubriera y les metiera unas cuantas balas en sus cuerpos indefensos?

A pesar de todos los sustos, en aquel momento nadie parecía interesado en fregar el suelo.

Lo importante era sacar aquellos misteriosos envíos y ponerlos rumbo a sus destinos.

Por fin, las últimas pisadas audibles se desvanecieron y todo volvió a quedar en silencio.

Cal sentía curiosidad y estaba impaciente. Apoyó el rostro contra el frío suelo de hormigón y cerró un ojo. Con el otro, miró hacia el almacén en busca de pies. No vio ninguno. Pero sí una pila de cajas a solo tres metros del cuarto de limpieza.

Sin avisar a Kelly, se levantó de un salto y salió disparado por la puerta, agarró una caja pequeña con el logotipo de Cloverdale Industries impreso en un lateral y volvió corriendo al cuarto, donde aseguró de nuevo la puerta.

—¿Te has vuelto loco? —exclamó Kelly en un susurro.

—Sí. Pero, si estos matones van a matarnos, al menos quiero saber por qué.

Cal sacó las llaves de casa y deslizó una por la cinta adhesiva que cerraba la caja. Salvo por aquel momento de locura, había procurado hacerlo todo con el menor ruido posible.

Abrió la caja y retiró el material de embalaje. Dentro había una botella de «Clean and Clear». En lugar de contener un líquido de limpieza, estaba llena de cristales blancos.

—A mí esto no me parece muy limpio —susurró Cal mientras iluminaba la sustancia desconocida con el móvil.

—No lo es —dijo Kelly—. Parece metanfetamina cristalina.

En otros tiempos, Cal había asistido a muchas fiestas universitarias salvajes, pero nunca se había quedado el tiempo suficiente para ver consumir otra droga que no fuera marihuana.

Era la primera vez que veía metanfetamina, y mucho más que sostenía una cantidad suficiente para garantizarle una condena de veinte años de cárcel si en ese momento entraba un policía.

—¿Qué es este sitio, Kelly?

—He oído rumores, pero nadie me ha dicho nunca nada con certeza.

—¿Rumores sobre qué?

—Sobre cosas disparatadas, de esas que podrías oír en una fiesta de pijamas.

—¿Como cuáles? —Cal se impacientaba y estuvo a punto de alzar la voz por encima de un susurro.

—Vale, vale. He oído un par de veces que Cloverdale Industries fabrica todos esos productos de limpieza y vitaminas como tapadera para su negocio de drogas.

—¿Negocio de drogas?

—Sí, no he oído mucho más. Ya sabes, chicos hablando en el instituto. Nunca llegué a creérmelo. Tengo familiares que trabajan aquí. No son esa clase de personas.

—Bueno, tengo una botella de metanfetamina cristalina que dice que vuestras fiestas de pijamas revelaron algo más que quién estaba colada por Bobby Jackson.

—¿Bobby Jackson?

—En todos los colegios hay un Bobby Jackson de ensueño, ¿no?

Bah, olvídalo. La cuestión es que tengo en la mano pruebas de que esto es, en efecto, algún tipo de negocio de drogas.

Ahora necesito que hagas una foto para que podamos llevarnos una prueba que no haga que me encierren durante los años más prometedores de mi carrera.

—¿Quieres que haga una foto?

—Sí. Saca la cámara. Derramaré esto en el suelo y podrás fotografiarlo junto a la botella.

—Cal, eso no va a demostrar nada.

—Puede que no, pero quizá sea suficiente para que los federales se interesen por investigar lo que ocurre aquí.

Cal encendió la luz y Kelly hizo un par de fotos.

Después volvieron a sumirse en la oscuridad.

Cal introdujo de nuevo el contenido en la botella y estaba a punto de volver a embalar la caja cuando unas pisadas pesadas comenzaron a acercarse.

Esta vez no parecían las de alguien que fuera a pasar de largo.

Las pisadas se detuvieron justo delante de la puerta. El tintineo de lo que sin duda era un gran llavero sonó para Cal y Kelly como una bala entrando en la recámara. Ambos contuvieron el aliento. Cal no creyó que importara, pues estaba convencido de que los latidos de su corazón eran audibles.

Una llave entró en la cerradura. El pomo giró.