Capítulo 32
Capítulo Treinta Y Dos
GUY COLGÓ EL teléfono. Otro interrogatorio del señor Mendoza.
Otra orden de rebajar la cobertura de las muertes de los tres adolescentes en la edición del miércoles de The Register .
Ese día se sentía, de verdad, poco más que un director editorial: no tomaba ninguna decisión real, solo se aseguraba de que la gente hiciera lo que se le ordenaba.
Eso también explicaba por qué Cal lo irritaba tanto. Ahora que su cometido se había reducido a un simple puesto de gestión, su reportero estrella había desaparecido y no respondía a sus llamadas. Guy ni siquiera podía cumplir la única tarea que le habían encomendado aquel día.
Llamó tres veces a Cal a primera hora de la tarde. Y las tres llamadas fueron directamente al buzón de voz.
Guy ya había sido duro con Cal en otras ocasiones, pero él siempre había reaccionado de forma positiva.
Esta vez, sin embargo, no se trataba de la sabiduría de un veterano transmitida por Guy.
Era una orden directa, cargada con toda la rabia que Guy había desviado hacia él y contraria a todos los instintos periodísticos que Cal había cultivado.
¿Dejar de investigar una historia que podría sacar a la luz una corrupción muy profunda?
, había preguntado Cal después de que le ordenara retirarse.
Y Guy sabía que era una directriz difícil de acatar.
Al fin y al cabo, historias como aquella eran las que los periodistas soñaban por la noche al meterse en la cama después de cenar solos un plato precocinado frente al televisor.
Al menos, era con lo que Guy soñaba antes.
Guy sabía que Cal nunca dejaría de perseguir aquella historia. Algo en las entrañas del veterano periodista le decía que Cal no se estaba inventando una disparatada teoría de la conspiración. Solo esperaba que su búsqueda de la verdad no acabara costándole la vida.