Capítulo 27
Capítulo Veintisiete
GUY ESPERÓ HASTA QUE ÉL y Cal estuvieron fuera de la oficina del sheriff antes de estallar.
—¿En qué estabas pensando al conducir borracho y casi matarte anoche? —exigió saber Guy.
—No estaba borracho, Guy. Alguien intenta hacerme callar porque estoy descubriendo demasiados detalles sobre la muerte de esos chicos.
—Ay, Cal, por favor. Ahórrame las teorías de la conspiración.
—No es una teoría. Es...
—¿Es qué, Cal? ¿Ridícula? ¿Cierta? No me interesa ninguna de las excusas que hayas urdido mientras estabas en la cárcel hablando con Willie el Loco.
La cuestión es que, después de hoy, vas a quedar suspendido.
Te suspendería ahora mismo, pero necesito tu ayuda con el periódico de hoy.
A partir del miércoles, tendrás un día de suspensión sin sueldo, ¿entendido?
—¿En mi día libre?
Guy no dijo nada. Cal enseguida captó que Guy estaba fingiendo su enfado. El motivo seguía siendo un misterio por el momento.
Atravesaron las puertas principales de The Register antes de que Guy retomara su diatriba.
—Después de hoy, no quiero verte por aquí. ¿Lo entiendes?
Todos los empleados de la redacción fingieron estar ocupados mientras lanzaban miradas furtivas a Guy y Cal al verlos atravesar la oficina. Ni siquiera Kelly sabía cómo reaccionar.
Cal intentó detenerse junto a su escritorio, pero Guy lo empujó suavemente hacia delante, con la evidente intención de que siguiera hasta su despacho.
Después de que Cal se sentara frente al escritorio de Guy, este cerró la puerta de un portazo. Guy tomó asiento y se inclinó sobre la mesa. Cal hizo lo mismo. Guy habló apenas un poco más alto que un susurro.
—Cal, si crees que ese enfado era puro teatro, dejará de serlo si no abandonas tu pequeña fantasía de Sherlock Holmes. Sé que para un periodista puede ser difícil dejar de buscar la verdad de una historia, pero te suplico que pares por tu propio bien.
La confusión se reflejó en el rostro de Cal.
—¿Qué está pasando aquí? ¿No quieres que averigüe qué ocurre? —replicó, imitando el tono apagado de Guy.
—Si quisiera que lo hicieras, Cal, no te habría encargado un sencillo artículo de reacciones. Dios sabe que Sammy no sería capaz de descubrir la verdad para una noticia aunque le fuera la vida en ello. Solo te pido que hagas esto como amigo. ¿Puedes hacerlo por mí?
—De acuerdo, Guy. Supongo que puedo dejarlo.
—No me refiero a que te limites a decir que vas a dejarlo. Me refiero a que lo dejes y punto. Nada de investigar fuera del horario laboral. Nada de hacer más preguntas. Nada. ¿Entendido?
—Pero, Guy, no sabes lo que vi cuando examiné esos cuerpos en la oficina del forense. Parecía que...
—No, no, no. No quiero oírlo, Cal. Me da igual si parecía el ataque de un puma. Por lo que a mí respecta, no es importante.
—¿No es importante? ¡Eres el director ejecutivo! Creía que la verdad era importante para ti sin importar el precio.
—A veces la verdad tiene un precio demasiado alto. Déjalo estar, ¿de acuerdo?
Cal soltó un profundo suspiro y asintió.
—De acuerdo, Guy. Lo dejaré por ti.
—No, no lo hagas por mí. Hazlo por ti mismo, porque, si no, descubrirás a qué me refiero. Ahora ve a terminar ese artículo de reacciones. Lo necesito para la una y media.
Cal salió airado del despacho de Guy, más por aparentar que por frustración, aunque ambas cosas estaban claramente presentes. Se detuvo junto al escritorio de Kelly y continuó hablando en voz baja.
—Tenemos que hablar. ¿Tienes planes para comer?
Durante el resto de la mañana, Cal no se separó del teléfono y llamó a varias personas que conocían a más de uno de los adolescentes fallecidos. Pensó que, si no iba a conseguir un artículo digno de premio, al menos podía pulir lo que escribiera para incluirlo en su dosier profesional.
Habló con profesores, entrenadores de ligas infantiles, empleadores y familiares.
Miró las páginas de Facebook de los adolescentes.
Sus amigos habían publicado sus recuerdos favoritos de ellos, algunos sin demasiada discreción.
Aparecían etiquetados en fotografías de la barbacoa de fin de concentración celebrada el sábado por la tarde en casa del entrenador Walker.
Todos parecían muy felices, rebosantes de vida.
Se habían acabado los entrenamientos dobles.
Pero ahora todo había desaparecido. Y, al parecer, a nadie le importaba realmente por qué.
Finalmente, Cal agotó todas las conexiones conocidas con los jóvenes antes de empezar a escribir. Y vaya si escribió. A la una, Cal había terminado su artículo y necesitaba desesperadamente comer y mantener una conversación seria con Kelly para ponerla al corriente.