Capítulo 15
Capítulo Quince
KELLY SIGUIÓ MANTENIENDO ocupado a Kevin con otros asuntos sin importancia y le rogó varias veces más, en vano, que la dejase ver los cadáveres.
Mientras tanto, Cal no perdió el tiempo y se dedicó a forzar la cerradura de la sala de reconocimiento.
Cal no era ladrón, pero su propensión a perder las llaves de la residencia universitaria durante sus años de estudiante lo había obligado a adquirir aquella habilidad viendo vídeos de YouTube.
La puerta se abrió con un chasquido. Cuando Cal se deslizó en la sala, el olor acre del formaldehído y otros productos químicos de limpieza lo abrumó.
Hizo una mueca y reprimió las ganas de toser.
Cal miró la etiqueta del dedo del pie del cadáver.
Ponía «Cody Murray». No es que necesitara leerla.
Había pasado mucho tiempo entrevistando a solas a Cody durante la temporada de fútbol americano, y también durante la de béisbol.
Su rostro parecía haberse librado de la desfiguración, pero su cuerpo esculpido resultaba casi irreconocible.
Cuando Cal se acercó a la mesa de reconocimiento, se quedó sin aliento ante el cuerpo mutilado de Cody.
El rumor del puma parecía improbable comparado con los cortes y tajos grabados profundamente en la piel del quarterback.
Cal pensó que, si quien había iniciado aquel rumor hubiese visto el cuerpo de Cody en ese estado, habría inventado algo más sensacionalista, como el sasquatch de Statenville.
Largos surcos de entre dos centímetros y medio y cinco centímetros de profundidad se entrecruzaban sobre la parte superior del cuerpo de Cody. No había bastado con un simple zarpazo. Las uñas del agresor habían tenido que excavar una y otra vez en su piel.
En las piernas de Cody, los cortes eran verticales.
—No me imagino cómo una sobredosis pudo hacerte esto —le dijo Cal al cadáver de Cody.
Cal pasó unos segundos más examinando el cuerpo, incapaz de dar con una teoría plausible. Sacó el iPhone y empezó a hacer fotos. Después grabó un vídeo. Nadie lo creería si se lo contara.
Entonces vio los otros dos cadáveres. Hizo más fotos de sus torsos destrozados, incapaz de imaginar qué podía haber provocado una muerte tan aparentemente dolorosa.
Cal salió de la sala en silencio, con cuidado de no alertar a Kevin de que alguien había visto sus preciados cadáveres. Se escabulló por una puerta lateral y ya estaba sentado en el coche de Kelly cuando ella salió por la puerta principal.
Kelly subió, introdujo la llave en el contacto y se detuvo.
Antes de que pudiera preguntarle a Cal qué información había conseguido, vio una nota sujeta entre el parabrisas y el limpiaparabrisas del lado del conductor, agitándose al viento.
Salió del coche y cogió la nota. Se estremeció al leerla.
Tened cuidado... o podríais acabar como esos chicos
—¿Qué es? —preguntó Cal.
—A alguien no le gusta lo que estamos haciendo.
—Que se ponga a la cola.
—Pero esto es una amenaza, Cal.
—Déjame verla. —Cal cogió la nota, la leyó y se la devolvió a Kelly—. Me amenazan constantemente. Nunca pasa nada. Alguien intenta intimidarnos para que paremos. Si quieren detenernos, solo hay una manera.
—Bueno, debes de haber visto algo ahí dentro que te haya convencido de que merece la pena correr el riesgo. ¿Qué viste?
—No tengo ni idea. Nunca había visto nada igual. Me cuesta creer que una sobredosis causara esas heridas.
Cal empezó a repasar las fotos y el vídeo que había hecho con el iPhone. Le enseñó a Kelly la imagen más gráfica y ella estuvo a punto de perder el control del coche. Kelly soltó una exclamación horrorizada antes de que Cal continuara.
—Seguro que alguien puede decirnos qué les ocurrió a esos chicos. Pero no tenemos mucho tiempo. En cuanto incineren los cadáveres, ya no podremos documentar nada. Aparte de estas fotos, cualquier investigación terminaría con la palabra de Kevin.
—¿Incinerarlos?
—Sí. Vi una hoja en el laboratorio que decía que los tres cadáveres serían incinerados el viernes.
—De acuerdo, ahora sabemos cuánto tiempo tenemos para llegar al fondo de esto.
Kelly tomó la carretera en dirección a la redacción de The Register .