El secreto de Statenville (Cal Murphy 1) Capítulo 7
10%

Capítulo 7

Capítulo Siete

—¿LA ESCENA DE UN CRIMEN? —PREGUNTARON CAL Y Kelly al unísono, de pronto confundidos otra vez acerca de la verdadera naturaleza de lo ocurrido en Statenville durante las últimas veinticuatro horas.

—Me han oído. Ahora vuelvan al coche y lárguense de aquí —gruñó Dawkins.

El arrojo de Kelly se le estaba contagiando a Cal. Se mantuvo firme.

—Dawkins, esta mañana Jones nos ha dicho que las tres muertes de las últimas veinticuatro horas fueron sobredosis. Eso no es precisamente la escena de un crimen.

Dawkins rectificó.

—Bueno, creemos que fue una sobredosis, pero aún estamos recogiendo pruebas.

—Entonces, ¿qué han encontrado que les haga pensar que podría tratarse de otra cosa?

—Cal, Kelly, creo que será mejor que se marchen. No querrán montar una escena delante de esta familia en duelo, ¿verdad?

Cal y Kelly intercambiaron miradas de complicidad.

Aquella no era una batalla que mereciera la pena librar.

No ese día. No con la señora Reid llorando la pérdida de su hijo.

No con Dawkins encarnando a su Steven Seagal interior.

No cuando había otras dos «escenas del crimen» sin ningún agente presente.

La pareja no dijo una palabra mientras se daba la vuelta y regresaba directamente al coche de Kelly.

—¿Quién se ha creído que es? —preguntó Kelly mientras giraba la llave de contacto.

—Ese Dawkins es un capullo. Está claro que aquí pasa mucho más de lo que nos cuenta.

Mientras el coche de Kelly bajaba rugiendo por el camino, ella se mordió el labio y negó con la cabeza, murmurando amenazas vacías sobre Dawkins, su puesto de trabajo y el tema de su próxima columna, si tuviera una.

Cal se hundió en el asiento, desconcertado ante el muro de silencio del Departamento del Sheriff del condado de Brooks.

Miró por el retrovisor lateral mientras la escena se empequeñecía hasta desaparecer.

Cal observó que Dawkins se ponía de inmediato a hablar por el micrófono de la radio sujeto a la parte superior de la manga. ¿A quién estará llamando? , se preguntó Cal. ¿Nos están vigilando? Mantuvo los ojos clavados en Dawkins.

Entonces Dawkins alzó la vista y fulminó con la mirada el coche de Kelly, que empezaba a incorporarse a la carretera.

Cal se estremeció. La mirada inquietante de Dawkins parecía expresar algo más que un interés pasajero por saber adónde se dirigía la pareja.

La firme convicción de Cal de que el Departamento del Sheriff del condado de Brooks apenas estaba un peldaño por encima de un Mayberry de carne y hueso —con Don Knotts como sheriff y Gomer Pyle como ayudante jefe— empezaba a tambalearse.

La actitud alegre y despreocupada de Dawkins había desaparecido.

Su boca decía una cosa, pero su lenguaje corporal decía otra, algo que hizo temblar de miedo a Cal.

Kelly llegó a la carretera y giró a la derecha, rumbo a casa de los Murray.

Cal volvió a mirar hacia la casa de los Reid y vio que Dawkins seguía hablando por la radio sin apartar los ojos del coche de Kelly. Lo más probable, pensó, era que estuviese avisando a alguien de adónde se dirigían y ordenándole que estuviera pendiente de ellos.

Por fin, Cal rompió el silencio. —¿En qué nos hemos metido, Kelly?

—No lo sé, pero esto huele a encubrimiento. —Pisó a fondo el acelerador y Dawkins desapareció de la vista.