BLOQUE 2
El inventario al que remitía aquella relación no se conservaba allí como original.
Existían copias antiguas.
Sebastián no quiso utilizarlas sin averiguar primero si descendían de una misma fuente o si alguna había sido cotejada contra otro testimonio.
Una de las versiones era una copia administrativa de trabajo.
La otra había quedado incorporada posteriormente a un expediente distinto.
Las escrituras y la disposición no coincidían completamente, pero eso no bastaba para demostrar independencia.
Sebastián buscó errores, correcciones y variantes que permitieran reconstruir la genealogía de ambas.
Entonces encontró una nota marginal en la segunda:
Cotejado con relación conservada en Nájera.
Mauro se inclinó.
—¿Eso significa que existía otra versión?
—Significa que el copista afirma haberla comprobado contra una relación de Nájera.
Fray Julián pensó unos segundos.
—Inés Montalbán puede saber si esa serie sigue conservándose.
Sebastián no quiso llamar todavía.
Primero terminó de comparar las dos copias.
En una, la referencia aparecía acompañada por:
Libro grande de pergamino, falto al comienzo, de San Millán.
La otra utilizaba una fórmula más desarrollada:
Códice grande, pergamino, falto de principio. De San Millán. Libro de memorias de entrega.
Había además una nota posterior:
En otras relaciones: Libro de San Millán de las entregas y memorias.
No parecía un título formal.
Parecía una denominación funcional que había variado con el tiempo.
Eso resultaba plausible.
Un manuscrito podía ser conocido durante generaciones por lo que servía para conservar antes de que una tradición posterior estabilizara otro nombre.
Llamaron entonces a Inés Montalbán.
Sebastián fue preciso.
No le explicó la conclusión hacia la que apuntaban. Solo le pidió comprobar si se conservaba una relación de Nájera con aquella referencia y, en caso afirmativo, obtener la entrada completa con su contexto.
Mientras esperaban, Sebastián volvió a las transcripciones de Julián de Almarza.
Almarza jamás había afirmado haber visto el manuscrito.
Precisamente por eso sus notas seguían siendo útiles.
Había trabajado con relaciones antiguas sin convertir una procedencia documental en una ubicación física.
Sebastián buscó en el cuaderno por la combinación exacta de letras y número que Irene había encontrado dentro del volumen.
Apareció una vez.
Almarza había escrito:
La referencia antigua corresponde, según la relación que he podido cotejar, al volumen llamado en documentación posterior Códice de San Millán.
Mauro dejó escapar una exclamación.
Sebastián continuó.
La frase siguiente era todavía más característica de Almarza:
No debe deducirse de ello su situación actual. La correspondencia de nombre no prueba destino.
Irene sonrió.
—No podía haberlo escrito otro.
Sebastián también reconoció esa cautela.
Almarza había alcanzado décadas antes una conclusión que ellos ahora estaban reconstruyendo por otra vía.
Sabía que aquella referencia había sido vinculada documentalmente con el nombre Códice de San Millán.
Lo que nunca había podido demostrar era dónde había terminado físicamente el volumen.
Por eso su investigación se había detenido antes de convertir una procedencia en destino.
La anotación de Almarza no era suficiente por sí sola.
Seguía siendo posterior a las relaciones originales que decía haber cotejado.
Pero ofrecía una pista muy concreta: esa equivalencia nominal ya existía en documentación anterior.
El teléfono sonó.
Mauro contestó.
Escuchó durante unos segundos y después miró a Sebastián.
—Inés la encontró.