CAPÍTULO 17 Irene reconoce las huellas del volumen
BLOQUE 1
La caja fue abierta sin ceremonia.
Fray Julián comprobó el identificador de la etiqueta exterior y se apartó para dejar espacio a Irene. Sebastián permaneció al otro lado de la mesa. Mauro observaba desde una distancia suficiente para no interferir.
Dentro había un volumen protegido por material de conservación.
Solo se veía una parte del borde inferior y la superficie irregular de una cubierta oscura.
Irene no dijo nada.
Había imaginado muchas veces aquel momento durante los años de investigación, aunque nunca de esa manera. No esperaba encontrar el manuscrito en una sala corriente, dentro de una caja moderna y bajo una descripción que lo situaba varios siglos después de la época que ellos investigaban.
Tal vez por eso consiguió contener la emoción.
Su trabajo le exigía mirar aquel objeto sin tratarlo todavía como la culminación de una búsqueda.
Tenía que examinarlo como si no supiera qué podía ser.
Retiró la protección exterior siguiendo el procedimiento indicado y dejó visible la cubierta.
Mauro respiró más hondo.
Sebastián no se movió.
El cuero era muy oscuro, aunque no completamente negro. El envejecimiento había alterado la tonalidad y creado diferencias en las zonas sometidas a mayor manipulación.
Irene acercó la iluminación.
—No toquen nada.
El primer rasgo era demasiado general para tener valor identificatorio por sí mismo.
La cubierta oscura podía repetirse en numerosos volúmenes.
Por eso buscó el borde inferior.
La pérdida estaba allí.
Una parte de la cubierta faltaba en uno de los ángulos y dejaba expuesta parte de la estructura.
Irene consultó sus notas.
Una descripción antigua hablaba de “pérdida parcial en ángulo inferior”.
La fotografía de la campaña del siglo XX mostraba una discontinuidad compatible en ese mismo sector y las fichas modernas seguían mencionando el daño.
Irene observó la forma.
El deterioro no podía conservarse idéntico después de tantas décadas.
Pero la morfología general era compatible.
—Pérdida inferior coincidente con el historial —dijo.
Sebastián anotó sin comentar.
Irene pasó al lomo.
Allí no buscaba simplemente una reparación.
Necesitaba comprobar si la intervención que tenían delante correspondía con la que aparecía reiteradamente en los documentos técnicos.
Las fichas antiguas hablaban de una costura rehecha.
En otros registros aparecía una intervención histórica sobre el lomo.
La fotografía aportaba menos información, pero permitía situar una irregularidad en un sector determinado.
Irene examinó la estructura visible.
Parte del cosido había sido rehecha utilizando perforaciones anteriores. En otra zona, la trayectoria de la reparación se apartaba ligeramente de la disposición original.
—Acá.
Sebastián se inclinó lo necesario para ver.
—Esta parte pertenece a una intervención posterior.
—¿Coincide con lo descrito?
—Coincide con una costura rehecha en este sector. No voy a decir más hasta verlo mejor.
Cambió el ángulo de iluminación.
La irregularidad quedaba más clara.
Irene colocó al lado una reproducción fotográfica antigua.
La posición era compatible.
Mauro preguntó:
—¿Esto pesa más que el color de la cubierta?
—Mucho más.
Irene siguió adelante.
Tomó las medidas sin forzar la encuadernación.
Las diferencias respecto de las fichas antiguas estaban dentro del margen esperable por los distintos criterios utilizados a lo largo del tiempo.
Algunas medidas se habían tomado sobre la cubierta.
Otras probablemente correspondían al bloque del libro.
Aun así, el rango era coherente.
—Dimensiones compatibles.
Sebastián volvió a anotar.
Mauro observó el volumen.
—Entonces ya tenemos bastante.
Irene levantó la mirada.
—Tenemos coherencia. No quiero convertir esto en una suma de rasgos comunes.
Eso era fundamental.
Una identificación seria no dependía de contar coincidencias.
Necesitaban una configuración difícil de repetir de manera fortuita.
Quedaba además uno de los rasgos que Irene había esperado comprobar desde que apareció en los documentos.
La huella del elemento desaparecido.
Una ficha antigua hablaba de una señal visible en la cubierta.
Otra, más técnica, describía una depresión producida probablemente por un elemento antiguo ya ausente.
Irene desplazó la luz hasta hacerla incidir casi de manera rasante.
La superficie cambió.
La depresión apareció lentamente.
No tenía una forma limpia ni parecía una marca destinada a ser reconocida.
Era una deformación endurecida por el tiempo.
Irene acercó la fotografía tomada durante una campaña de conservación y comparó la posición respecto de los bordes.
Mauro esperó.
—¿Está donde debería?
Irene no apartó la mirada.
—Sí.
Sebastián preguntó por la forma.
—Compatible con la fotografía y con la descripción.
La deformación no era una abrasión superficial.
Algo había estado fijado allí durante tiempo suficiente para alterar el cuero.
Sebastián escribió:
HUELLA DEL ELEMENTO DESAPARECIDO LOCALIZADA EN POSICIÓN COMPATIBLE
Irene respiró despacio.
Aun así, no quería concluir.
Una cubierta podía haber sido reaprovechada.
También existía la posibilidad de una reencuadernación antigua.
Hasta examinar el bloque y la estructura interna, todavía necesitaba mantener abierta la posibilidad de que aquella cubierta hubiera terminado asociada con otro conjunto.
Pero algo había cambiado.
Por primera vez, las huellas que durante años habían leído en papeles estaban delante de ellos.