El Secreto de San Millán (El Secreto de San Millán: Tomo VII) BLOQUE 2
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La apertura fue mínima.

Irene evaluó hasta dónde podía llevar la cubierta sin comprometer el lomo.

La restricción de conservación tenía sentido.

El volumen había sido estabilizado, pero no intervenido para devolverle una movilidad que ya no poseía.

La primera evidencia apareció antes de leer una sola palabra.

El comienzo estaba incompleto.

La estructura mostraba que aquella pérdida no era reciente.

Sebastián recordó cuántas veces los documentos habían descrito el volumen como falto al inicio.

Ahora podían verlo directamente.

Irene observó los primeros cuadernos conservados.

—No empieza donde debería.

Mauro respondió:

—Eso ya lo sabíamos.

—Lo sabíamos por los documentos. Ahora sabemos que la estructura actual conserva esa misma anomalía.

La diferencia era importante.

Por sí sola, la falta inicial no demostraba identidad.

Dentro del conjunto de coincidencias, sin embargo, adquiría otro peso.

Irene estudió los primeros folios.

El cuerpo principal era de pergamino.

Había incorporaciones posteriores de papel en otros sectores, suficientes para explicar la antigua catalogación como soporte mixto.

La ficha moderna no inventaba ese dato.

Lo había interpretado de manera demasiado amplia.

Sebastián comprendió entonces hasta qué punto la catalogación equivocada había podido surgir sin mala fe.

Quienes la confeccionaron habían descrito elementos verdaderos del volumen, pero les habían dado un peso que no correspondía al conjunto.

Irene avanzó con lentitud.

El pergamino mostraba diferencias propias de un volumen utilizado durante mucho tiempo.

No intentó interpretar manchas ni alteraciones que exigieran análisis específicos.

No necesitaban encontrar nada extraordinario.

Solo continuidad.

Regresó al cosido.

Desde el interior podía observar mejor la reparación identificada en el lomo.

Sacó uno de los informes técnicos antiguos.

Allí se leía:

Costura antigua parcialmente rehecha, con reutilización de puntos anteriores.

Irene acercó una lupa.

—Esto coincide con el tipo de intervención descrito y con el sector registrado.

Sebastián sonrió apenas.

Ese cuidado verbal era una de las razones por las que confiaba en ella.

Irene no intentaba demostrar que hubieran encontrado lo que deseaban.

Intentaba averiguar si existía alguna razón material para descartarlo.

Comparó la reparación con la fotografía histórica.

La imagen no era perfecta, pero la irregularidad del perfil aparecía en la misma zona.

Mauro permaneció callado.

Sebastián escribió:

REPARACIÓN HISTÓRICA DEL COSIDO COMPATIBLE CON LOS REGISTROS ANTERIORES

Irene examinó después la pérdida inferior desde el interior.

El desgaste era antiguo.

No había indicios de una sustitución moderna completa de la encuadernación.

Eso permitía sostener que la cubierta actual había acompañado al volumen durante buena parte del tramo documental moderno, aunque cualquier afirmación más antigua requeriría un estudio específico.

Sebastián preguntó:

—¿Podemos hablar de continuidad de encuadernación?

Irene pensó unos segundos.

—Podemos decir que los daños históricos descritos siguen presentes y que no veo señales de una sustitución moderna completa. Para ir más atrás necesito un estudio codicológico.

Era suficiente.

No estaban intentando fechar cada elemento de la encuadernación en aquella sala.

Necesitaban comprobar si el objeto que tenían delante era materialmente coherente con el que habían seguido durante décadas.

Fray Julián seguía casi inmóvil.

Sebastián lo miró.

—¿Está bien?

—Sí.

El monje observó el volumen.

—Pensaba en cuántas personas habrán tenido esto delante sin saber qué podía ser.

Tal vez muchas.

Pero eso ya no sorprendía a Sebastián.

Cada una había trabajado con la información disponible en su momento.

Irene volvió a la cubierta.

Repitió algunas medidas y comprobó de nuevo la depresión asociada con el antiguo elemento.

No buscaba nuevas coincidencias.

Quería asegurarse de que los rasgos ya identificados mantuvieran la misma relación entre sí.

Finalmente pidió la fotografía del siglo XX.

Mauro se la alcanzó.

La imagen no permitía una comparación exacta, pero sí observar la disposición general de los daños.

Irene miró durante largo rato.

La pérdida inferior aparecía en el mismo sector.

La irregularidad del lomo guardaba la misma relación con la cubierta.

La depresión producida por el antiguo herraje ocupaba una posición compatible.

No era una suma de marcas independientes.

Era una configuración.

Mauro preguntó:

—¿Qué significa eso?

Irene levantó los ojos.

—Que no estamos viendo parecidos aislados. Estamos viendo la misma distribución de daños.

Sebastián comprendió por qué esa frase importaba.

Una cubierta oscura podía repetirse en innumerables volúmenes.

Incluso una reparación semejante podía aparecer en otros.

Pero cuando distintos accidentes documentados en momentos diferentes conservaban las mismas posiciones relativas, la posibilidad de confusión disminuía de manera significativa.

Irene volvió a revisar el conjunto.

No encontraba ningún elemento material que contradijera la reconstrucción.

Sebastián escribió:

CONFIGURACIÓN MATERIAL COHERENTE CON EL VOLUMEN SEGUIDO EN LA CADENA DOCUMENTAL

Mauro leyó por encima de su hombro.

—Eso ya suena bastante definitivo.

Sebastián miró a Irene.

La conclusión debía ser de ella.

Pero todavía había reservado una comprobación menor.

Precisamente porque era pequeña podía resultar valiosa.